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martes, 22 de junio de 2010

Sobre la Guerra Popular en el Perú


Desde el blog POLEMICA INTERNACIONAL MLM extendemos un rojo saludo a nuestros lectores.
Desde la aparición de este blog hemos luchado por contribuir de alguna manera a la  claridad en el movimiento comunista internacional (MCI), tomando firmemente partido por las organizaciones antiprachandistas, propagandizando sus puntos de vista, haciendo eco de lo correcto de todas ellas, en especial de la Unión Obrera Comunista, debido a la influencia inmediata que la propaganda de esta organización en nuestro equipo de propagandistas.
Por esa razón hemos propagandizado parte de su teoría revolucionaria y redoblaremos esfuerzos mucho más ahora que el MCI en la actualidad después de la traición del prachandismo se caracteriza por la confusión ideológica, que ya venía de tiempo atrás pero que ahora se hizo más evidente.
Nuestro objetivo es contribuir por este medio a la claridad ideológica, para que redunde en el reagrupamiento del MCI en la fundación de la internacional comunista, sobre la base de una línea general para el MCI correcta.
Por lo tanto empezaremos a publicar una serie de documentos históricos del movimiento comunista en Colombia que pedimos los analicen y estudien profundamente, teniendo en cuenta la fecha de su publicación para ubicarse en la situación concreta, de la comprensión de los asuntos y las posiciones a  través del tiempo.
Iniciaremos con la publicación de una serie de documentos relacionados con la guerra popular en el Perú, en respuesta a varios comentarios recibidos en nuestro correo donde manifiestan ¿Por qué llaman centristas a varias organizaciones frente al asunto de Nepal, cuando las posiciones que defienden asumen el centrismo frente a la guerra popular en el Perú?
Los tema que publicaremos son los fundamentales a nuestro parecer para hacerse una idea clara de la posición defendida por la revista contradicción precursora de la Unión Obrera Comunista, por lo tanto al consultar las diferentes revistas contradicción podrán conocer asuntos de detalle sobre los temas.
Saludos rojos
Martin Acero - Polémica Internacional MLM

El siguiente documento es tomado de la revista contradiccion # 11 publicada en diciembre de 1992.  alojada en este link   

http://www.revolucionobrera.com/documentos.htm






¡APOYAMOS RESUELTAMENTE LA REVOLUCION EN EL PERU!  ¡RECHAZAMOS LAS MENTIRAS DE FUJIMORI Y LA REACCCION!
El sábado 12 de septiembre en horas de la noche, el sanguinario régimen peruano ha tomado prisionero a ABIMAEL GUZMAN R. –Camarada Gonzalo-, presidente del Partido Comunista del Perú (llamado “sendero luminoso” por la reacción peruana).
De inmediato a lo largo y ancho del planeta, todos los medios de comunicación al servicio de la burguesía y el imperialismo, han iniciado una tenebrosa campaña de propaganda negra contra la Guerra Popular que libra el pueblo peruano.
¿Por qué la reacción peruana y mundial se apresuran a propagandizar la mentira de que el camarada Gonzalo “es el jefe de un grupo terrorista”? ¿Por qué Fujimori y su pandilla reaccionaria se empeñan tanto en ocultar la real situación en el Perú?
Precisamente porque la Guerra Popular que lleva a cabo el pueblo peruano, es hoy por hoy el principal y más avanzado frente de lucha contra la opresión y explotación del imperialismo, la burguesía y los terratenientes. Precisamente porque no les interesa que los proletarios del mundo conozcamos los éxitos de la Revolución en el Perú, y menos aun les interesa que la apoyemos como lucha de nuestra misma clase.
Las mentiras que hoy pregona la burguesía, pretenden ocultar que el Partido Comunista del Perú presidido por el Camarada Gonzalo, no es una banda de terroristas, sino un autentico Partido Proletario que guiándose por el Marxismo Leninismo Maoísmo ha organizado y dirigido a las masas, no para hacer negociaciones o acuerdos con sus más encarnizados enemigos, sino para destruir con la violencia revolucionaria de las masas, al Estado reaccionario, las maquina en la cual los explotadores organizan y concentran toda su fuerza de clase para oprimir y someter a los explotados.
Es por esto que la Guerra Popular en el Perú se ha ganado el más terrible odio de los enemigos, pero a la vez se ha granjeado el más profundo y decidido apoyo internacional de la clase obrera y de las masas antiimperialistas.
Hoy, la patraña de Fujimori y toda su clase de vampiros explotadores, se propone desprestigiar a un gran dirigente comunista –autentico Marxista Leninista Maoísta- quien ha caído prisionero, pretendiendo con ello desprestigiar la guerra del pueblo peruano, la revolución del proletariado y el Partido de los Comunistas en el Perú.
Por su misma miserableza, la patraña se vuelve contra sus autores, pues es imposible tapar la realidad peruana con una infame sarta de mentiras. Es así que la misma propaganda negra de la reacción peruana, ha evidenciado ante el mundo el pavor que los explotadores sienten ante la revolución de las masas.
Sus esfuerzos por ocultar la realidad de la lucha de clases en el Perú, no lograron evitar el reconocimiento de la importancia, la magnitud, la fuerza y el arraigo en las masas que tiene la revolución en el Perú.
Han tenido que reconocer ante el mundo, que el Partido Comunista del Perú tiene gran influencia en las masas, que dirige su lucha a lo largo y ancho del país. Han tenido que reconocer que su ejército y policía están desmoralizados, y confían –en vano- que con sus mentiras van a elevarles la moral para evitar que sigan huyendo despavoridos de las zonas donde ya se ha instaurado el Poder Popular.
Sus despreciables calumnias contra el Camarada Gonzalo y contra el Partido que él preside, solo han servido de taparrabo a Fujimori y la reacción, pues ha quedado al descubierto, a la vista de todo el proletariado mundial, que nuestra clase dirige exitosamente desde hace 12 años una gran guerra, esa si popular, esa si revolucionaria, que más temprano que tarde terminará por colocar a la reacción peruana en el lugar que le corresponde: el basurero de la historia!
El camarada Gonzalo ha caído prisionero. Es una dolorosa noticia para el proletariado internacional, pues bien sabemos que los regímenes de Alan García y Fujimori no han vacilado para masacrar a cientos de prisioneros indefensos. Pero esto no nos desmoraliza como pretende la reacción, sino que nos llena de mayor odio de clase y nos une en solidaridad internacionalista pues estamos seguros que la revolución en el Perú continuara su avance incontenible, como punta de lanza en nuestra lucha mundial contra el imperialismo y la reacción.
Los comunistas revolucionarios de la revista “Contradicción” reafirmamos nuestro apoyo total e incondicional a la Revolución en el Perú, a la Guerra Popular y al Partido Comunista del Perú dirigido por el Camarada Gonzalo y bajo la guía del Marxismo Leninismo Maoísmo.
Enfáticamente rechazamos toda la infame campaña sucia y rastrera contra nuestros camaradas en el Perú, y estamos prestos a impulsar las tareas internacionalistas que oriente el M.R.I. –Movimiento Revolucionario Internacionalista-.
Es urgente y necesario que todos los comunistas revolucionarios, todos los proletarios, todos los explotados y oprimidos juntemos nuestras fuerzas para rechazar las patrañas y mentiras burguesas sobre el Perú.
¡VIVA LA REVOLUCION EN EL PERU!
¡VIVA LA GUERRA POPULAR DEL PUEBLO PERUANO!
¡VIVA EL PARTIDO COMUNISTA DEL PERU!
¡RESPETO A LA VIDA DEL PRESIDENTE GONZALO!

Revista “CONTRADICCION”                                   SEPTIEMBRE  14/92

lunes, 7 de septiembre de 2009

HACIA UNA POLÍTICA REVOLUCIONARIA EN MATERIA DE ORGANIZACIÓN


El siguiente documento es fundamental a la hora de estudiar el movimiento comunista en colombia, pues en el mismo se ve implicita la inevitable lucha por conservar el color de la organizacion de partido de los comunistas revolucionarios en colombia en las decadas del 60 y 70, a su vez tambien este documento hace parte del legado que dejaron grandes cuadros y martires de la revolucion en colombia, que hoy en nuestros dias sirven de guia con la misma vigencia que hace 40 años



HACIA UNA POLÍTICA REVOLUCIONARIA EN MATERIA DE ORGANIZACIÓN


de FRANCISCO GARNICA


1. El Partido Comunista (marxista-leninista) exigencia central de la Revolución
Iniciadas en nuestra patria las batallas de clase del proletariado, planteadas por su propio desarrollo, y en los momentos en que el movimiento obrero mundial al­canzaba éxitos resonantes, desarrollando invaluables ex­periencias en su lucha política por su liberación definiti­va, surgió también en Colombia, como imperiosa necesi­dad la construcción del Partido de la clase obrera, del Estado Mayor indispensable para la conquista victoriosa del poder.


Poderosamente influenciados por el triunfo y conso­lidación de la revolución bolchevique de octubre, en los años de la década del 20 surgen grupos revolucionarios que constituyen finalmente, en 1930, el Partido Comunis­ta de Colombia. Este recorre desde entonces un largo ca­mino repleto de episodios muchas veces heroicos y de no­tables errores que conforman un formidable cúmulo de experiencias con un denominador común: La existencia de una dirección errada, reformista y traidora.


Ayer con la camarilla Duranista y hoy con el grupo que encabeza Gilberto Vieira, al P.C. se ha intentado convertirlo en simple aparato electorero colocado a la co­la de las disidencias tácticas de la burguesía, empantana­do en el más crudo oportunismo reformista, ajeno a la revolución, es decir, en un obstáculo para que la clase obrera pase de sus luchas reivindicativas de tipo econó­mico a las batallas por la conquista del poder político.


Su estructura organizativa leninista fue reemplazada paso a paso, por la de una simple agrupación liberal, sin ninguna disciplina, sin militancia seleccionada, con el bu­rocratismo en su peor acepción como único método de dirección y por consiguiente incapacidad para aprovechar todas las coyunturas revolucionarias. Ha servido para pro­longar el dominio de la oligarquía y el sufrimiento de las masas.


Tergiversando así los objetivos revolucionarios del Par­tido Comunista y corrompidas sus normas organizativas, el proletariado quedó de nuevo huérfano de su vanguar­dia política y, desde ese momento, la existencia de su Partido marxista-leninista se presentó con redoblada ur­gencia, mayor ahora que nunca, cuando se plantea la ta­rea de la conquista del poder político, de la destrucción del actual régimen burgués-proimperialista y el implantamiento de un nuevo orden popular.


La razón histórica del Partido Comunista Marxista-Leninista, ha sido una poderosa palanca impulsora para su propio surgimiento.


De ahí que desde el primer instante que aparece la corriente del oportunismo emerge también la lucha de los cuadros marxistas-leninistas por impedir la adulteración del carácter revolucionario de la vanguardia política de la clase obrera.


Desde 1940 y quizá desde mucho antes, camaradas honestos y capaces hicieron una sólida argumentación, planteamientos revolucionarios frente a la orientación claudicante de las camarillas de turno.


Pero es particularmente a partir de 1959 desde cuan­do cobra mayor fuerza la tendencia marxista-leninista. En efecto, aparecen nuevos movimientos políticos revolucio­narios como evidente rechazo a las orientaciones derechis­tas del grupo de Gilberto Vieira.


En el seno del partido aparece la polémica en distin­tos sectores del país reclamando una estrategia acertada para la revolución colombiana, planteando la necesidad de organizar la conquista del poder y señalando el ca­mino armado de la revolución colombiana.


Se multiplican entonces las sanciones disciplinarias contra todos aquellos camaradas que no comulgan con el contrabando ideológico de los revisionistas. Centenares de militantes y decenas de cuadros intermedios son expulsa­dos por diferir de la línea política, las calumnias y los con­sabidos epítetos de "extremo izquierdistas" ocultan las ver­daderas razones de principios.


Direcciones intermedias como el Comité Regional de Antioquia (1961); regionales enteros como el del Magda­lena y la Guajira (1963); y Bolívar (1964); locales, zonas y sectores importantes del Partido en el Valle, Santanderes, Bogotá, Cundinamarca, Boyacá, Huila (1963-64-65); cuadros nacionales del C. C. y el 80% (ochenta por cien­to) de la Juventud Comunista de Colombia representada en los Regionales de Bogotá, Valle, Santander del Norte, la Costa Atlántica y numerosos locales en todo el país (1964); numerosos dirigentes sindicales (confederales y fe­derales) y dirigentes de masas a escala nacional y depar­tamental, se lanzaron al combate contra la traición opor­tunista, comprendiendo que no había otra tarea práctica, primera y más urgente, que el rescate de nuestro partido y su reestructuración dentro de los principios revoluciona­rios del marxismo-leninismo para hacerlo capaz de dar a la lucha política de la clase obrera y de los campesinos la energía y firmeza necesarias.


2. Nuestro Partido Comunista (m-l) tiene que ser de tipo bochevique.


A. El Partido Comunista es un Partido de clase.


El Partido Comunista (marxista-leninista) es ante todo un Partido de clase. Es el partido de la clase obrera.
Todas las clases y los estamentos de ellas pueden ex­presarse políticamente a través de partidos o grupos: és­tos partidos o grupos políticos conforman la avanzada di­rigente de las clases o estamentos de clases y, aun cuando algunos de ellos en su conformación presentan un carác­ter policlasista, en esencia su dirección está orientada a la defensa de los intereses de una clase, como es el caso de los partidos de la burguesía.
Así mismo el proletariado en su lucha política forja su partido de clase.

Por eso todos los miembros del Partido Comunista serán, y tienen que serlo, proletarios que defienden intran­sigentemente los intereses de la clase obrera. Para poder pertenecer a ese Partido los elementos provenientes de otras clases tienen que renunciar a sus intereses y privile­gios de clase y abrazar sin reservas la causa del proleta­riado.


El Partido es parte inseparable de la clase obrera. Y como la clase obrera —aquí y en todo el mundo— está llamada a dirigir los destinos de la humanidad, ese parti­do en cuanto interprete consecuentemente los intereses del proletariado conlleva innatamente su carácter dirigente.
La existencia universal del proletariado, su concepción como una. sola clase en su conjunto, hace que el proletariado colombiano sea parte de la clase obrera mundial.


Esto determina que el Partido Comunista (marxista-leninista) esté impregnado de un profundo contenido interna­cionalista, generalizado en todos y cada uno de sus mili­tantes y le plantea obligaciones concretas para con los pue­blos de los demás países, obligaciones que superan la sim­ple solidaridad moral, especialmente, en nuestro caso, en relación a los combatientes populares de la América La­tina.

B. El Partido Comunista es la vanguardia esclarecida del proletariado.


Poco a poco, y valiéndose de una altisonante jerga, los revisionistas lograron imponer en las resoluciones de con­gresos y plenos su concepción oportunista de "partido de masas", violando descaradamente uno de los fundamen­tales principios que caracterizaban al partido de los bol­cheviques como el destacamento de vanguardia de la clase obrera.


Es que el Partido no puede ser confundido con toda la clase. El Partido Comunista, como destacamento de vanguardia, incorpora en sus filas, no a la clase entera si­no a los mejores elementos de la clase obrera, a los más abnegados, a los más experimentados.


"Olvidar —decía Lenin— la diferencia que existe en­tre el destacamento de vanguardia y toda la masa que tiende hacia él; olvidar el deber constante que tiene el destacamento de vanguardia de elevar a capas cada vez más amplias a su propio nivel avanzado, no significa más que engañarse a sí mismo, cerrar los ojos ante la inmen­sidad de nuestras tareas y empequeñecer éstas".


Ahora bien: "Con sólo la vanguardia es imposible triunfar y la diferencia entre la vanguardia y las masas no puede llevarnos a convertir al partido en un puñado de conspiradores aislados de las masas. El carácter de van­guardia significa que el Partido está adelante de las ma­sas pero un paso solamente; si no puede quedarse atrás de ellas sin cometer errores de oportunismo de derecha, de seguidismo, tampoco puede adelantarse hasta aislarse sin caer en el izquierdismo aventurero.


No podrá ser vanguardia el partido que le rinda culto a la espontaneidad, que marche a la cola de los aconteci­mientos, que no pueda hacer prevalecer lo consciente so­bre lo espontáneo, que no vea más allá de las masas.


Pero no basta titularse vanguardia: Hay que demos­trarlo en la práctica y hacer que los demás movimientos lo reconozcan. Es imposible dirigir a la clase obrera y a las masas sino se está vinculado a ellas. Hay que elevar a las masas hasta el nivel de los intereses de clase del pro­letariado, ganarse la confianza de la clase obrera y del pueblo y esto no es un problema de deseos ni de decre­tos: esto sólo es posible mediante una constante labor en el seno de las masas y con la aplicación de una política acertada- Y aún más: no basta tener una justa línea polí­tica. Es preciso convencer a las masas de lo acertado de esa política.


El Partido Comunista, debe y puede ser la vanguar­dia esclarecida de la clase obrera pero a condición de que a su propia experiencia y a la experiencia de los partidos hermanos añada la más severa y responsable aplicación de la teoría científica del marxismo-leninismo en el análisis concreto de la realidad nacional.


C. El Partido Comunista debe ser ejemplo de organi­zación, unidad y disciplina.


Tampoco puede el Partido cumplir su papel revolu­cionario si no se constituye en el destacamento organiza­do de la clase obrera. A diferencia de los partidos no proletarios, el P. C. no se concibe como una suma de miembros, es decir, nadie se afilia en abstracto al P. Co­munista. Cada militante se afilia a una de las organizacio­nes del Partido, de lo que resulta que el Partido es una suma de organizaciones o mejor, un sistema único, un complejo de ellas. Porque es cierto que la organización centuplica las fuerzas, no es razonable contabilizar mili­tantes sino organizaciones para los planes del Partido. El principio rector, regulador y unificador de estas organiza­ciones es el Centralismo Democrático que, en lo funda­mental, significa; tener unos solos Estatutos, una sola di­rección (el Congreso y entre Congreso y Congreso el C. C.), una sola disciplina y el sometimiento de la minoría a la mayoría y de las organizaciones inferiores a las supe­riores.


En nuestras condiciones, en que el revisionismo a la vez que convertía el centralismo en garrote disciplinario para preservar sus posiciones burocráticas y estimulaba la práctica del democraterismo en la base convirtiendo la discusión interna en charlatanería sin principios, se exige la aplicación estricta, del Centralismo Democrático en la vida del Partido. Mao Tse-tung, para corregir estas ten­dencias, recomendaba en el plano organizativo "poner en práctica la forma democrática de vida, bajo una orienta­ción centralizada, consistente en:


a). La Dirección del Partido debe presentar una co­rrecta línea de orientación y ofrecer soluciones cuando sur­gen problemas, a fin de establecerse como centro orien­tador.


b). La Dirección tiene que entender con claridad las condiciones de los cuerpos inferiores.


c). Las organizaciones del Partido en todos los nive­les no deben tomar decisiones sin una debida- deliberación. Una vez tomada una decisión, tiene que ser puesta en la práctica con firmeza.
d). Todas las decisiones de importancia tomadas por la Dirección deben ser transmitidas en el acto a la base del Partido.


e). Las organizaciones inferiores del Partido deben discutir en detalle las directivas de los cuerpos superiores a fin de entender a fondo la significación de las mismas y decidir los métodos necesarios para llevarlas a la prác­tica".


Es la organización del Partido lo que hace posible la unidad de -acción de todos los militantes. Si bien es cierto que la unidad no es por la unidad misma sino en tomo a los principios, y que no es posible ni siquiera tratar de la unidad sin antes deslindar posiciones ideológicas, también lo es que la unidad en cuestiones de programas y de línea es condición previa indispensable pero así mismo insufi­ciente para la unificación real del Partido, para la eje­cución del trabajo.


La unidad de acción del Partido presupone la aplica­ción práctica de los principios de organización que exclu­yen todo fraccionalismo y cualquier espíritu de grupo. "La unidad se realiza —dice Lenin— sólo por una organiza­ción única cuyas decisiones se llevan a la práctica, no por miedo, sino a conciencia de todos los obreros conscien­tes. Discutir una cuestión, manifestar y oír las diferentes opiniones, conocer el punto de vista de la mayoría de los marxistas organizados, expresar esos puntos de vista en la decisión tomada, cumplir a conciencia esa decisión es lo que en todas partes del mundo y entre personas razonables se llama unidad".


“La unidad se expresa entonces alrededor del trabajo positivo y no de los errores. Alrededor de los principios y no de las personas".


Consecuencia y presupuesto de la unidad será la fé­rrea disciplina del Partido. Una disciplina rayana en lo militar aunque consciente, igual para todos los militan­tes, pero atendiendo en su aplicación a las diferencias entre los camaradas, a mayor conciencia de los dirigentes, mayor y más férrea disciplina.


Sólo un Partido que marche como un solo hombre en el cumplimiento de las consignas podrá garantizar el éxito de sus acciones. Pero la disciplina, al igual que la unidad, exige condiciones que no será posible si se falta a la fide­lidad, a los principios, si no existe una estrecha vincula­ción con las masas y si no se desarrolla una acertada di­rección política.


La disciplina puede ser férrea en la medida en que sea consciente y voluntaria. De ello se deduce que, lejos de excluir, reclama la lucha de opiniones, en el seno del Partido. Pero, una vez tomado un acuerdo, éste será pues­to en práctica por todos los organismos y militantes sin vacilaciones de ninguna índole, con toda la firmeza nece­saria y superando todos los obstáculos de cualquier natu­raleza que se presenten.


D. El Partido Comunista es el núcleo central que dirige a las demás organizaciones afines al proletariado.


El Partido Comunista, en cuanto es el destacamento organizado y la vanguardia de la clase, es la forma su­perior de organización del proletariado y, en calidad de tal, dirigente y coordinador de toda esa gama de organi­zaciones sin partido de la clase obrera y del pueblo, como los sindicatos, las cooperativas, las organizaciones juveniles, las ligas campesinas y las demás organizaciones populares que en determinadas etapas de la revolución coinciden con los objetivos inmediatos del proletariado.


No se trata de que estas organizaciones estén formal­mente subordinadas a la dirección del Partido. De lo que se trata es de que el Partido, a través de sus fracciones o activos militantes vinculados a esas organizaciones, lleve a ella su influencia y promueva acciones de masas cada vez más elevadas.


Así el Partido no se verá jamás aislado de las masas, ni podrá ser golpeado por el enemigo y estas organizacio­nes responderán a su orientación política.


Precisamente en el grupo revisionista que dirige Vieira, se da el caso de que, con el pretexto de la teoría opor­tunista de la "neutralidad" y la "independencia" de estas organizaciones, se forman parlamentarios "comunistas" que no respetan las orientaciones del Partido, o gerentes de cooperativas aburguesados, o sindicalistas de mentali­dad economista.


De allí que no sólo sea necesario sino obligatorio pe­netrar en todas las organizaciones de las masas, teniendo en cuenta que los comunistas no inventan sino que asimi­lan y desarrollan las formas de lucha y organización que el propio pueblo se da.


E. La condición del fortalecimiento del P. C. es la eliminación de los elementos oportunistas.


Todas las anteriores características, que determinan la naturaleza del Partido Comunista (marxista-leninista), no se verán nunca realizadas si se olvida un solo instante del fundamental principio de que el Partido se fortalece de­purándose de los elementos oportunistas.


Jamás podremos desarrollar el Partido si vacilamos en cuanto a nuestra actitud frente a los revisionistas. Stalin señala: "La lucha implacable contra estos elementos, su expulsión del Partido, es la condición previa para luchar con éxito contra el imperialismo". Y Lenin dice: "No es posible triunfar en la revolución proletaria, no es posible defenderla, teniendo en las filas propias a reformistas, a mencheviques". Los revisionistas cumplen el papel de ver­daderos agentes de la burguesía dentro del movimiento obrero y como a tales hay que tratarlos.


3. Asimilar un estilo y unos métodos leninistas de trabajo.


Aprender a trabajar correctamente y con efectividad, asimilar un estilo y unos métodos leninistas de trabajo, de­rrotar las prácticas del oportunismo y crearse una manera justa de actuar, son grandes aspiraciones de todos los par­tidos revolucionarios y condiciones inaplazables para el desarrollo de partidos como el nuestro, obligados a romper la larga tradición de un estilo oportunista de trabajo.


A. FUNDIR LA TEORÍA CON LA PRÁCTICA


Charlatanes que llaman "intelectuales" y no teóricos de la clase obrera, es lo único que puede resultar cuando se impone en el Partido el método contrario al marxismo-leninismo de teorizar sin aplicar. Verdaderos prodigios en el arte de recitar de memoria frases de los clásicos marxistas abstractos y alejados de un análisis concreto de una situación concreta, conforme al mandato leninista, es lo que se encuentra entre los burócratas dirigentes del revi­sionismo colombiano.


No es esta clase de "teóricos" lo que la revolución demanda. Lo que necesitamos es cuadros que estudien el marxismo como una guía para aplicar a la práctica revo­lucionaria. Hombres que conozcan la historia de Colom­bia y en ella se basen para estudiar el desarrollo de la lucha de clases en nuestro país, que sepan más de Colom­bia que de la URSS, China, de Roma y de Grecia y no al revés. El Partido necesita dirigentes estudiosos de la actual situación nacional e internacional que no desenfoquen su análisis de la época y del momento que vivimos.


Para nosotros el grado de un teórico no lo determina la mayor o menor habilidad para manejar la "jerga" par­tidista, sino su capacidad de ver los problemas colombia­nos a la luz del marxismo; su capacidad para enfocar cla­ramente estos problemas; su capacidad para dar respuesta científica a las cuestiones económicas, políticas y militares de Colombia; su capacidad para descubrir las leyes del desarrollo de nuestra revolución. Esta es la clase de teó­ricos que necesitamos.

Miles de tesis y consideraciones teóricas e innumera­bles consignas, completan los escritorios de todos los diri­gentes revisionistas: tesis como las que aseguraban un ca­rácter "progresista" en 1958 al capitalismo colombiano; consignas como la tristemente célebre de la "Constituyente Popular" y muchas más que se quedaron escritas como falsos dogmas sin ninguna aplicación práctica. Miles de conclusiones se amontonan, reunión tras reunión, en el más grosero olvido del método leninista de mantener viva la unidad entre la teoría y la práctica. Nuestros postulados teóricos y nuestras consignas políticas serán sometidas al fuego de la práctica o posaremos también de charlatanes. Para los marxistas no hay otro criterio de verdad que la práctica, y sólo a él debemos atenemos. Generalizar la práctica en la teoría y comprobarla de nuevo en la prác­tica, es el único método acertado de trabajo.


B. CRITICAR NUESTROS ERRORES Y ASIMILAR DE LA EXPERIENCIA.


Si la práctica señala una equivocación, teórica, puede decirse que amarrarse a ese error, tenerle miedo a reco­nocerlo, no querer rectificarlo es el camino más corto para la destrucción del Partido.


La actitud ante los errores es la mejor prueba de la seriedad de un Partido. Jamás se produce por eso una au­tocrítica, o un análisis de las causas de los fracasos con­tinuos de la camarilla que encabeza Vieira. Aunque los resultados sean diametralmente opuestos a lo que se in­tentaba, para ellos descarada y cínicamente "todo estaba previsto". De ahí su constante camino de un error a otro hasta su completo aniquilamiento. Es que la autocrítica y la crítica no son otra cosa que la ley del desarrollo del Partido, su piedra angular, las formas de adelantar la lucha interna, de aprender de las experiencias y corregir los errores.


La crítica justa y oportuna que parte de la unidad pa­ra llegar a la unidad con el criterio de mejorar y no de destruir, tiene que dar como consecuencia saludable el aumento permanente de la capacidad combativa del Par­tido.


Pero nada más peligroso para la estabilidad del Par­tido que el uso malicioso de la crítica como instrumento para aniquilar las perspectivas de desarrollo de honestos y abnegados militantes por parte de ''patriarcales" diri­gentes. La experiencia negativa vivida bajo las camarillas revisionistas no dejan lugar a disculpa alguna en la repe­tición de errores semejantes.


Para siempre debe estar abolida la perniciosa práctica de ir anotando como "cabuyas pisadas” los errores de cualquier camarada con el exclusivo fin de desmoralizarlo con la lectura de un cúmulo de faltas cronológicamente citadas, reales, falsas y aumentadas, en los momentos en que dicho camarada critica un error nuestro o se opone a un criterio malsano u oportunista. Tal proceder, corriente en gentes de mala fe —que por cierto se practica dema­siado entre los revisionistas colombianos— evidencia un criterio de destrucción del Partido y de complicidad con los errores mientras no perjudiquen oscuros intereses per­sonalistas.


Error que se comete, error que se critica con el ánimo de ayudar a corregirlo sin esas extrañas contabilidades. Esta es la norma para los militantes del P. C. C. (marxista-leninista).


Tampoco es de marxista-leninistas "hacer elefantes de ratones", es decir, exagerar las faltas de nuestros compa­ñeros, hacer un escándalo de pequeñas equivocaciones, fre­cuentemente sobre problemas más personales que políticos o ideológicos, o ser duros —terriblemente duros— con los camaradas de base o blandos —sorprendentemente blan­dos— con los propios y más graves errores de dirección.


Para nosotros, como para todos los marxistas, la crítica del Partido no tiene objetivo distinto al de educar al Parti­do y a los camaradas que han cometido errores. Esta lu­cha interna es esencialmente una lucha ideológica destina­da a robustecer la unidad ideológica del Partido que no se puede confundir con disputas, peleas o insultos a bra­zo partido, pretendiendo mantener la unidad a base del miedo o de absurdas y arbitrarias medidas organizativas. Ni se puede tampoco confundir a los camaradas con los enemigos y aplicar los mismos métodos de lucha.
Nuestra crítica ante todo es una crítica política, in­transigente en las cuestiones de principios y en materia ideológica, subordinada al principio general del desarrollo de la lucha del Partido y del proletariado.


C. LA SABIDURÍA DEL PARTIDO ESTA EN LAS MASAS


No de los gabinetes, ni de los escritorios, sino de la práctica diaria al lado de las masas es de donde puede salir una correcta apreciación de la realidad y una correc­ta orientación política.


La teoría marxista del conocimiento —al decir de Mao Tse-tung— enseña a descubrir la verdad a través de la práctica y a través de la práctica a desarrollar y verificar la verdad. Esto obliga a conocer la sociedad colombiana sólo mediante la vinculación estrecha a las luchas sociales del país. Creer en milagrosas inspiraciones de dirigentes burocratizados sin más práctica que la de ir de la casa a la oficina y de la oficina a la casa es tan ridículo como confundir un Pleno del Comité Central del Partido con un Concilio Ecuménico.


El problema de una justa dirección es el problema de tener un conocimiento científico de la realidad nacional y, si en general es cierto que para adquirir conocimientos es preciso participar en la practica de cambiar la realidad, para adquirir ese conocimiento científico de la realidad nacional es indispensable fundirse en la lucha de las ma­sas que diariamente transforman el panorama económico, político y social de la vida del país.


Nadie duda de que el aislamiento de las masas y la falta de fe en la capacidad creadora del pueblo les im­pide a los revisionistas poder formular una orientación correcta, ni de que esto es lo que los ata a una cadena de progresivos errores.


Es obvio que quien trabaja corre el riesgo de equivo­carse. Pero la experiencia enseña que quien sabe trabajar yerra menos y menos gravemente. Ir a las masas para volver a ellas, recoger ideas dispersas en las masas, gene­ralizarlas, llevarlas a las masas de nuevo, recoger im­presiones y opiniones de éstas, hacer una nueva generali­zación, etc., es el camino del acierto, el método de los bolcheviques, de los marxistas-leninistas.


Dirigir significa también trabajar. Las cosas no se re­suelven nunca con decretos, circulares o discursos, como creen los apologistas del burocratismo. Dirigir para no­sotros significa combinar lo general con lo concreto, par­ticipar también en la aplicación práctica de las orienta­ciones generales. En suma: abrir la brecha.


D. LA DIRECCIÓN COLECTIVA ES LA ÚNICA JUSTA


Comités y no individuos dirigen el Partido en todas sus escalas y no habrá dirección justa si no hay dirección colectiva que elimine los riesgos del caudillismo y garan­tice en lo posible un análisis completo de las situaciones y fenómenos, reduciendo al mínimo las posibilidades de error y de unilateralidad en los juicios.


Empero, no se concibe dirección colectiva sin respon­sabilidad individual. En cada organismo de base o de di­rección, cada tarea tendrá su principal responsable, aun­que el cumplimiento de la labor sea de conjunto así se consigue repartir las obligaciones manteniendo la unidad de dirección y la responsabilidad.


Hoy, cuando se tergiversa a menudo la llamada "lu­cha contra el culto a la personalidad" es conveniente in­dicar que la dirección colectiva es un principio de dirección de los marxistas-leninistas que no puede convertirse en instrumento para destruir la personalidad de los mili­tantes o de los dirigentes.


Antes de gentes mediocres con mentalidad prestada, el Partido exige gentes con mentalidad propia y desarrolla­da, militantes y dirigentes que pongan su inteligencia y sus cualidades personales al servicio de la causa, cuadros que desarrollen sus valores humanos dentro del espíritu colec­tivo y unitario del Partido. En lugar de nivelar por lo bajo, tenemos que estimular el surgimiento de políticos, publicistas, escritores, artistas, oradores y militantes bri­llantes en el seno del Partido. Tenemos que aprovechar to­das las inteligencias, aumentar la capacidad de razona­miento del Partido e impedir que algunos se tomen el de­recho de pensar por los demás.


E. AUDACIA REVOLUCIONARIA Y TENACIDAD INQUEBRANTABLE


Los bolcheviques eran conocidos por su extraordinario espíritu creador, por su audacia para destruir mitos y cos­tumbres rutinarias en el trabajo revolucionario, por su arrojo e iniciativa para romper viejos dogmas, por su ca­pacidad de asimilar las nuevas situaciones, utilizando nue­vos métodos.


Pero no era simplemente esta franca oposición al ser­vilismo ante las tradiciones lo que caracterizaba el método de trabajo de los bolcheviques, pues esa asombrosa capa­cidad de encontrar siempre la perspectiva revolucionaria se combinaba con una tenacidad en el trabajo práctico que no desmayaba en el cumplimiento de ninguna tarea por compleja y difícil que fuera, y realizaba las consignas de no hacer nada a medias, de no vacilar ante los obstáculos y de alcanzar siempre los objetivos propuestos.


F. TENEMOS QUE SER AUDACES COMO LOS BOLCHEVIQUES - LA MORAL COMUNISTA Y LA FRATERNIDAD MILITANTE.


Cambiar la atmósfera viciada de inmoralidad o ene­mistad en las relaciones de los militantes es presupuesto para el progreso del Partido. La vida interna del Partido debe estar alumbrada por los más elevados conceptos de moral comunista y espíritu de fraternidad entre los camaradas.


Nuestra ética no es la hipócrita moral de la burguesía que crea falsos valores para defender sus caros intereses; y es que no hay moral que no sea de clase. Lo bueno para el explotador es siempre lo malo para el explotado. De allí que el principio que rige nuestra moral es, y tiene que ser, el de que es moral todo aquello que beneficie a la revolución e inmoral todo aquello que la perjudique.


Nada más hermoso que la fraternidad de los comunis­tas. arma poderosa para la firmeza de los militantes y fuente de potencia para el Partido. Marx y Engels dieron ejemplo con su vida de lo que significa la camaradería entre los comunistas. Sin ese espíritu camaraderil y fra­ternal no sería posible soportar las difíciles contingencias de la lucha, cuyos sacrificios aúnan y hermanan a quie­nes las sufren. Extraño y por demás sospechoso, será pa­ra el Partido el militante déspota, grosero y poco frater­nal con sus compañeros, pues tales características son propias de los policías y no de quienes entregan sus vidas por el triunfo revolucionario.

4. Características del Partido Comunista Colombiano (marxista-leninista).


La diferencia con los revisionistas en las formas de organización y en la estructura del Partido no son casuales sino que responden a las diferencias entre el conteni­do de la actividad de los oportunistas y la actividad polí­tica de los revolucionarios marxistas-leninistas.


Para la lucha reformista y economista no se requiere ciertamente una organización disciplinada de revoluciona­rios. A quienes aspiran aún al camino parlamentario, es obvio que no les interesa un Partido de militancia seleccionada, sino un "Partido de masas" que ofrezca un buen número de votos.


Para quienes no aspiran a la toma del poder por los medios revolucionarios no está planteado el problema de la clandestinidad y del trabajo secreto.


Y es natural que sea así, si se tiene en cuenta que la "estructura de cualquier institución está natural e ine­vitablemente determinada por el contenido de su activi­dad".


Por otra parte, las formas de lucha y de organización como elementos de la táctica, cambian de acuerdo con el flujo y reflujo del movimiento revolucionario. Según sea el ascenso o descenso de las fuerzas revolucionarias, la táctica es ofensiva o defensiva y determina cambios en las formas de organización.


Por lo tanto, es en función de la actual situación po­lítica que debemos plantearnos el problema de la estruc­tura y de la organización del Partido.


Para nosotros, que nos hemos encarado a la cuestión de la toma del poder con tareas tan claras como las de organizar nacionalmente si Partido como cerebro del mo­vimiento revolucionario; formar su brazo armado capaz de enfrentar hasta derrotar la violencia del enemigo; y construir un Frente Único de Liberación que aglutine las fuerzas necesarias para llevar al pueblo a la victoria, tareas que nos corresponde desarrollar en medio de un ré­gimen cada vez más represivo, sin más dilema que la dictadura o revolución, tiene que ser claro que el carác­ter de nuestra organización es el que hemos definido an­teriormente y que la naturaleza de nuestra labor debe lle­var el sello de la más cerrada clandestinidad.


Sin casas ni oficinas legales, sin periódicos sometidos a La mordaza de la licencia, nuestra actividad será esen­cialmente ilegal y, por consiguiente secreta. El modelo de nuestra organización deben ser los destacamentos revolu­cionarios como el Partido Bolchevique de Lenin y Stalin o el Partido Comunista Chino que dirige Mao Tse-tung. No se trata de copiar mecánicamente sino de aplicar a nuestra realidad las experiencias positivas que tengan efi­cacia universal.


Válido para nosotros es, en las actuales condiciones el mandato leninista que señala que el "único principio de organización serio a que deben atenerse los dirigentes de nuestro movimiento tiene que ser el siguiente: La más se­vera discreción conspirativa, la más rigurosa selección de afiliados y la preparación revolucionaria de profesionales".


A. EL PARTIDO COMUNISTA ES CLANDESTINO


Puede ser compatible un "Partido de masas" con un régimen estrictamente represivo? Evidentemente no. Es im­posible dotar a una organización amplia del elemento clandestino indispensable para poder realizar una lucha re­volucionaria contra el gobierno.


Aún más: el problema debe ser entendido en sus jus­tos términos o sea: Es a tal punto esencial el carácter clandestino para nuestro partido, que las demás condiciones organizativas como el número de militantes, las con­diciones de ingreso, etc., están en alto grado determina­das por este carácter.


Por lo tanto, es claro que el trabajo de nuestro Par­tido y su cuerpo orgánico serán absolutamente secretos en las ciudades y en las demás regiones dominadas por el enemigo.


Es imperativo observar todas las precauciones, por innecesarias que parezcan en algunas ocasiones. Es im­prescindible crear el hábito de la clandestinidad que nos habrá de librar de verdaderas desgracias y rotundos fra­casos.


En el campo será también clandestino el Partido, salvo en las regiones puestas a la ofensiva, en las cuales, aun cuando al comienzo se mantengan la discreción y el secreto, posteriormente se podrá actuar con mayor libertad.

Es elemental que no podremos permanecer siempre a la defensiva —precisamente uno de los errores de la ca­marilla revisionistas hay que prepararse para pasar a la ofensiva y en esas circunstancias el Partido trabajará abiertamente.


Supersecreto, si cabe el término, será el trabajo ejecu­tado en los centros fundamentales de producción y dentro de los órganos del poder del enemigo.


B. BENEFICIAR LA CONSTRUCCIÓN DEL PARTIDO


Para constituir nuestro Partido debemos guiamos por un plan, por un criterio que determine la dirección fun­damental de nuestro esfuerzo.


Tenemos que ser en las ciudades un partido fuerte dentro del proletariado industrial. Concentrar esfuerzos en los centros fundamentales de producción, planificando la penetración, objetivo por objetivo en las ciudades que aglutinan los principales núcleos industriales.


A pesar de que por su número el proletariado indus­trial es un sector pequeño de la población, por su con­centración, su disciplina, su calificación técnica y cultural, y porque es el más desarrollado políticamente, es indiscu­tible la fuerza dirigente de la revolución, cuyo desarrollo y consolidación están condicionados a que el proletariado pueda jugar su papel. Papel que no podrá jugar si noso­tros no desenvolvemos nuestra acción principalmente en las capas avanzadas de la clase obrera.


Con parecida intensidad hay que trabajar en la cons­trucción del Partido en el campo, entre el proletariado agrícola, los semiproletarios del campo y los campesinos medios.


Si partimos del hecho de que la revolución en nuestra patria será por la vía armada y que esta lucha se desarro­llará en lo fundamental en el campo, y que, por tanto, la construcción del Partido es indispensable en las regiones campesinas, a tal punto que la construcción de éste ten­drá que confundirse con la organización de la lucha ar­mada, hay que concluir que es de primordial importancia no escatimar ninguna energía para esta labor.


De hecho surge, como criterio de construcción de Par­tido, también el de tener en cuenta la calidad de las regio­nes campesinas desde el punto de vista estratégico militar.


En Colombia el movimiento, campesino jugará un pa­pel fundamental. Al desencadenar su potencial revolucio­nario, asentará los más duros golpes al poder del enemigo y, en varios sentidos y circunstancias será más potente que el propio movimiento obrero, lo cual no será de ninguna manera dañino si se conserva la dirección proletaria en la lucha.


La II Declaración de La Habana expone estas consi­deraciones en general para la América-Latina y Mao Tse-tung, refiriéndose a China pero en términos que obligan a considerar la experiencia, dice: "Por consiguiente es un error abandonar las luchas en las ciudades y, en nuestra opinión, también es un error que cualquiera de los miem­bros de nuestro Partido tema que el desarrollo del poder de los campesinos los torne más fuertes que los obreros y, por lo tanto, nocivos para la revolución. Porque la revo­lución en la China semicolonial sólo fracasará si la lucha campesina es despojada de la dirección de los obreros y no sufrirá porque los campesinos, a través de su lucha, se tornen más fuertes que los obreros".


C. PARTIDO SELECTO


El Partido que la revolución colombiana exige no es ese Partido de "decenas de miles de militantes" con que entusiastamente sueñan los revisionistas. De lo que se tra­ta es de un partido revolucionario de militantes selectos y probados. Un Partido de verdaderos comunistas, que ele­ve de nuevo el concepto de miembro del Partido; que ha­ga realidad en nuestra patria las palabras de Stalin: "No­sotros los comunistas somos hombres de un temple espe­cial. Estamos hechos de una trama especial. Somos los que forman el ejército del gran estratega proletario, el ejército del camarada Lenin. No hay nada más alto que el honor de pertenecer a este ejército. No hay nada supe­rior al título de miembro del Partido".


Colocar el título de militante en su justo y verdadero lugar, presupone antes la observancia estricta de las condiciones para la militancia y el sometimiento de cada as­pirante a un estudio individual de sus condiciones de in­greso, estableciendo las diferencias necesarias, siendo más severas las exigencias para aquellos que no proceden del proletariado.


Para los antiguos militantes del Partido Comunista, ho­nestos y capaces, que libraron o libran una lucha con­tra los revisionistas, están abiertas las puertas del Par­tido.


Los antiguos militantes de base del P. C. margina­dos, podrán pertenecer al Partido luego de una autocríti­ca y de un proceso de reeducación.


Para los nuevos militantes provenientes de las ma­sas populares, es necesario hacer efectivo el Círculo de Estudio y Trabajo Revolucionario que los capacite para ser miembro del Partido, es decir, ingresarán primero en calidad de aspirantes a miembros del Partido.


Para los dirigentes y militantes sobresalientes de otros movimientos políticos, incluso del viejo P. C., su militan­cia debe ser tratada especialmente por los organismos re­gionales y aprobadas por la dirección central del Par­tido.


Para que la militancia concedida por un organismo sea definitiva, debe mediar la aprobación del organismo inmediatamente superior.


D. LOS CUADROS DEL PARTIDO


Si extremamos las exigencias para la militancia de base, mucho más severos debemos ser al conceptuar so­bre la calidad de los cuadros del Partido. En cierto sen­tido es cierto aquello de que "los cuadros lo dicen todo" y es una verdad comprobada que para guiar la revolu­ción es preciso que haya un Partido y muchos cuadros ex­celentes.


Precisamente los hombres pertrechados con la teoría del marxismo-leninismo, con gran discernimiento político y capacidad para el trabajo, aptos para solucionar pro­blemas con independencia, leales y abnegados, valientes pero sin jactanciosidad, hombres para quienes su propia vida está por debajo de los intereses del Partido, del Pue­blo y de la patria. Un grupo tal de dirigentes capacitará al Partido para orientar a las masas y organizar con éxi­to la revolución.


Nuestros cuadros deben responder a las necesidades de dirección del Partido:


Se ha planteado que el Partido debe dirigir a las ma­sas. Entonces, sólo si se es dirigente de masas se puede serlo del Partido.


Se ha planteado que el Partido es el destacamento de vanguardia, el jefe político de la clase obrera, su estado mayor. Entonces, sólo en la medida en que se tenga ca­pacidad política se puede ser dirigente del Partido.


Se ha planteado que el camino de la revolución co­lombiana no es pacífico y que la lucha armada es la for­ma principal de lucha en estas circunstancias. Entonces sólo en cuanto se tenga capacidad militar y se sepa di­rigir en estas formas de lucha a las masas y al Partido se puede ser dirigente del Partido.


No sobra señalar que la unidad de medida de la ca­pacidad de nuestros cuadros y militantes es la eficacia, pues es evidente que la capacidad práctica de los militantes está en relación directa con su capacidad política e ideológica.


La falta de cuadros nos -agobia, y nos agobia porque no entendemos lo que significa una justa política de cua­dros que nos permita el desarrollo de los actuales diri­gentes y encontrar en el vivero de las 'luchas populares hombres capaces y dirigentes de hecho. En un país como el nuestro en donde masas inmensas se suman al descon­tento general, en donde suceden infinidad de luchas, no es posible, quejarse de la carencia de cuadros.


Lo que nos falta es más visión por parte nuestra, más talento organizativo, abrir los ojos, tener fe en el pueblo y descubrir los jefes que el proletariado y las masas están haciendo surgir en cada combate. Ser audaces en la pro­moción de cuadros; que el dirigente joven vea la mano tendida de los dirigentes más antiguos del Partido, ayu­dándole con su experiencia y su mejor desarrollo.
Los cuadros ciertamente no se encuentran en los es­critorios ni llegarán milagrosamente, hay que forjarlos y, sobre todo, ir a buscarlos allí donde sí aparecen en me­dio de fragor de las batallas populares.


La revolución no es un hobby o deporte al que se le puede dedicar de vez en cuando algunos ratos libres. Es una tarea gigantesca que reclama la existencia de nume­rosos cuadros cuya única profesión sea la acción revolu­cionaria. Hombres que no tengan más objetivo en su vida que el de ser revolucionarios y que por ese objetivo se empeñen sin reservas.


Todos los dirigentes nacionales tienen que ser revolu­cionarios profesionales y cada Comité Regional como as­pecto esencial, tienen que contar con un buen núcleo de estos revolucionarios.


E. LA ESTRUCTURA DEL PARTIDO


La estructura organizativa de nuestro Partido, aparen­temente similar a la de los grupos revisionistas, responde sin embargo, a consideraciones concretas de orden políti­co, económico y social. El Partido es un todo orgánico para el país entero y con una máxima autoridad, el Con­greso Nacional y en su defecto, el Comité Central.


Pero dirigir al Partido es una labor compleja y delica­da. Las orientaciones nacionales de carácter estratégico y táctico válidas para todo el Partido en su conjunto, no son sin embargo aplicables por igual en todo el territorio na­cional, sino que deben corresponder a las características y particularidades propias de diversos sectores del país.


De allí que el país sea dividido en varias regiones, atendiendo, no a la división político administrativa que la burguesía se ha dado, sino a las necesidades políticas y administrativas del Partido, que imponen la creación de grandes Regionales que cobijen sectores con similares con­diciones geográficas, sociales y económicas.


Así se constituyen verdaderas direcciones intermedias con abundantes recursos materiales y humanos, se garan­tiza la mejor aplicación de la política del Partido y se crean potentes auxiliares de dirección. Zonas tan caracte­rísticas, como la región cafetera, o los Llanos, o la Costa Atlántica, etc., son ejemplos claros que llevan a romper el seguidismo de las divisiones departamentales, para pa­sar a un concepto más científico de la configuración de unidades territoriales en la nación.


Los Comités Regionales, organismos de dirección in­termedia en estas regiones, se auxiliarán para el control y orientación del Partido de Comités de Zona que delimi­tan sectores característicos de la Región,, tales como ciudades importantes o conjuntos urbanos y campesinos. Y de acuerdo con el desarrollo del Partido se harán nece­sarias otras instancias organizativas como los Comités de Distrito, que, dirigen, al Partido en sectores urbanos. Así mismo, la existencia de varias células en un mismo lugar, fábrica, universidad, colegio, unidad vecinal, etc., crea la necesidad de un organismo dirigente, un comité de Radio que coordinará la acción de diversas células.


Es la célula el organismo básico del Partido, el más importante y decisivo: Se puede decir que según sean sus células y como trabajan, así es el Partido y así traba­jará. La célula no es la simple reunión de varios camaradas sino el instrumento del Partido para el trabajo entre las masas; debe ser un aparato vivo que con iniciativas y audacia desarrolle y lleve a la práctica las orientaciones de la dirección.


La célula no se organiza por organizarse, sino en fun­ción de la acción del trabajo revolucionario. Falsa hasta el absurdo y tremendamente nociva es la práctica creada bajo la dirección revisionista, de entender el trabajo de organización como un fin en sí mismo, como algo muer­to, sin perspectiva, desligado de la lucha diaria, según el cual los militantes asisten a sus células con la misma iner­cia con que el católico va a misa los domingos.


La vida celular es la fuerza del Partido, y en estas condiciones constituye la forma ideal de organización pa­ra preservar la seguridad del Partido en su trabajo. Nues­tras células serán pequeñas, de sólo 3 a 5 militantes y se conformarán fundamentalmente en consideración al lu­gar de trabajo. Pueden crearse también por razón de vi­vienda y, por último, obedeciendo a actividades especia­les. Huelga decir que la célula de empresa es más impor­tante para el Partido. Las células del barrio se conciben en función de su ulterior desarrollo hacia células de em­presa.


F. EL NOMBRE DEL PARTIDO


Algunos sectores del Partido han alzado voces enca­minadas al cambio del nombre propuesto para el Partido. Argumentan ellos que el nombre Comunista dificulta la penetración en las masas y que, además debemos diferen­ciarnos del grupo político que dirige Vieira.


En primer lugar la experiencia ha derrotado prácti­camente a quienes hacen del nombre un problema para el desarrollo del Partido y un obstáculo para su vincula­ción con las masas. Movimientos con más antigüedad y con nombres por demás brillantes, no presentan un tan rápido fortalecimiento como el de nuestro Partido Comu­nista Colombiano (marxista-leninista). El problema no con­siste en cómo llamarse, sino en cómo actuar.


Además, para nosotros está abolida en general la prác­tica de presentamos a las masas con la etiqueta de "co­munistas" e incluso se sancionará el denunciar la propia militancia en el Partido sin autorización expresa. Lo im­portante no es proclamarse comunista sino actuar como tal. Si como tal se actúa aún en caso de que sea descu­bierto el militante, las masas lo defienden porque lo han visto luchando por los intereses colectivos.


Por otra parte nuestros militantes serán verdaderos co­munistas y aquel que acepte y entienda nuestros princi­pios ideológicos y nuestra táctica política, es decir, aquel que se haga comunista, no se asustará de su título, mundialmente honroso.


En segundo lugar, nosotros no debemos renunciar al nombre de comunistas sino reivindicarlo en nuestra patria. No son Vieira ni su grupo los personeros ni los de­positarios de las luchas, de la historia, ni siquiera de las experiencias negativas del Partido Comunista de Colom­bia. Ese importante acopio de experiencias, más negati­vas que exitosas, es sin embargo patrimonio de los marxistas-leninistas y no de los agentes de la burguesía. So­mos comunistas y nuestro Partido debe ser el Partido Co­munista Colombiano marxista-leninista.

miércoles, 1 de julio de 2009

Marxismo y Guevarismo


publicamos un articulo de la REVISTA CONTRADICCION NUMERO 1 DE 1990.


El articulo se llama marxismo y guevarismo, fue realizado en los noventas, y plantea un importante discusion sobre el partido del proletariado, como partido de vanguardia que dirija al proletariado en todas las etapas de la revolucion hasta el comunismo o como partido militarizado, aunque es un documento que plantea muchos asuntos propios de las organizaciones en colombia para la epoca, es en estos momentos un importante documento para promover un punto de vista correcto desde el punto de vista del mlm sobre este asunto en particular.


este articulo es un aporte del camarada jose nuñez para la revista contradiccion, miembro de la misma para esa epoca.


el articulo lo pueden encontrar directamente en esta direccion






MARXISMO Y GUEVARISMO
I. ES NECESARIO HABLAR DEL GUEVARISMO


En América Latina, la corriente Guevarista, durante más de dos décadas se ha hecho pasar por parte de la pequeña burguesía y sectores de la burguesía como la doctrina más revolucionaria y acabada. Muchos "marxistas" consideran a Guevara como el maestro del proletariado latinoamericano, su influencia en algunos círculos que dicen reivindicar el marxismo-leninismo es evidente, otros consideran a Guevara como un comunista en formación, etc., poniendo de manifiesto la inconsistencia teórica de estos pretendidos marxistas y el desconocimiento, por su parte, de la teoría relovolucionaria del proletariado.


La crisis por la que atraviesa el movimiento comunista y revolucionario, la confusión ideológica y las vacilaciones políticas, de la pequeña burguesía, son en la actualidad caldo de cultivo para el florecimiento o el resurgimiento del anarquismo, del foquismo y habremos hecho muy bien en "adelantarnos" por así decirlo, a lo que se avecina.


No es por cierto la primera vez que se critica el guevarismo; en distintos artículos se ha hecho mención al foquismo, sin embargo lo más cercano a una crítica general a sido el artículo "Guevara, Debray y Revisionismo Armado", de Lenny Wolff, publicado en el ‘sobrero Revolucionario", órgano del Partido Comunista Revolucionario de EE.UU. y publicado en espaal y en folleto aparte, en 1986; y como algunos le "escurren el bulto" a la cuestión, alegando que Debray es una cosa y que Guevara es otra, hemos omitido cualquier alusión a Debray, encarando la teoría y la práctica de Guevara y sus seguidores.


Hasta el momento, la inexistencia de una crítica profunda de tal "doctrina" permite que algunos obreros recién despertados a la vida política y personas can muy poca experiencia y formación, se unan a esta corriente al no encontrar otras respuestas a sus inquietudes políticas. Así, permanentemente ingresan a las organizaciones guevaristas, revolucionarios honestos que mas tarde se "desencantan", para luego caer muchas veces en el escepticismo, al ver frustradas sus aspiraciones.
Obviamente no se trata de desconocer que Guevara fue un gran revolucionario y hombre de acción que se opuso al pacifismo revisionista y murió convencido de causa, en esa medida fue un hombre valeroso, cosa que no podemos decir de sus seguidores, quienes actualmente han abandonado de él todo lo revolucionario para caer en posiciones abiertamente reformistas.
En la historia del movimiento obrero, el marxismo ha librado una lucha tenaz contra las concepciones anarquistas y otras ideas contrarias al proletariado. Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao, en lucha contra el anarquismo aportaron valiosas armas teóricas para fundamentar científicamente el socialismo y derrotar en su momento esta corriente pequeñoburquesa dañina para la clase obrera.
El anarquismo sin embargo, revive constantemente en las filáis del movimiento obrero y por ende los comunistas no pueden bajar la guardia en la crítica constante de todo lo que sea "revolucionarismo pequeñoburqués semianarquista o capaz de coquetear con el anarquismo" al decir de Lenin.
Abordaremos entonces los postulados centrales de la teoría de Guevara, su evolución en los neoguevaristas —pues no podemos hacerlo responsable de lo que sus seguidores hayan hecho y se hayan "inventado" recientemente— y los confrontaremos con la teoría del proletariado.
Pretendemos así, saldar viejas-nuevas discusiones que se han quedado a medias y demostrar que entre el guevarismo y el marxismo existe un profundo abismo. El primero es dañino para la clase obrera y la revolución y el segundo sirve a la causa del proletariado.
Y si bien el oportunismo de derecha, estén estos momentos el enemigo principal, no podemos olvidarnos que él encuentra en el oportunismo de "izquierda" su complemento natural; con ello estamos contribuyendo al deslinde, en el proceso de fundamentación de la base ideológica que unifique verdaderamente a los Marxistas—Leninistas, la cual sirva de guía, al futuro Partido Político de la Clase Obrera en Colombia.


Por Último, queremos mostrar la forma en que los revisionistas, los guevaristas y neoguevaristas se solidarizan, aliándose en "santa cruzada" con todo el mundo burgués, con la pretensión de "enterrar" el marxismo.


QUE NOS OFRECE EL GUEVARISMO


Guevara sostenía que "la revolución puede hacerse si se interpreta correctamente la realidad histórica y se utilizan correctamente las fuerzas que intervienen en ella, aún sin conocer la teoría (Obras, Tomo II Pág. 92 segunda edición Casa de las Américas 1977) mientras Lenin en su "Que Hacer?" criticando el culto al empirismo y al voluntarismo defendía la tesis según la cual "sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento revolucionario".
Para ser hombres de vanguardia se requiere una teoría de vanguardia, han insistido los comunistas y han tenido la preocupación constante por depurar el movimiento obrero de las teorías burguesas, ajenas a sus intereses, concediendo a la lucha ideológica el lugar en el cual, de antemano, el proletariado tiene la victoria segura; así desde Engels una y otra vez el marxismo ha sido revitalizado con nuevos descubrimientos y apartes, hasta constituir lo que hoy tenemos como una ciencia que lejos de perder vigencia, La vida la confirma como correcta.
Guevara, como todos aquellos que niegan la importancia de la teoría revolucionaria, terminó en el empirismo y sus seguidores han remozando viejas teorías burguesas haciéndolas aparecer como "el auténtico marxismo latinoamericano"; no encuentran otra salida que introducir los contrabandos ideológicos de los viejos mencheviques rusos de comienzos de siglo y no tienen todavía la vergüenza suficiente para decir a las masas la verdad, sino que han puesto a "su teoría", el remoquete de "marxismo crítico" o "marxismo nacional".
Aún así, hay quienes se dicen marxistas—leninistas y todavía repiten como loros que no hay que conocer la teoría, que a los obreros hay que llevarles "mascado" el ABC, que el conocimiento es cosa de académicos, etc., etc. .Pero vamos por partes.


CUAL ES LA TEORIA DEL GUEVARISMO?


El guevarísmo se ha reivindicado como un movimiento consecuentemente luchador por el socialismo; sin embargo su socialismo es una mezcla ecléctica y contradictoria, pues su desprecio por la teoría científica los ha llevada a reivindicar, por ejemplo en el Movimiento 26 de Julio en Cuba, la teoría de la democracia Jeffersoniana, (fundamentos de la democracia burguesa Norteamericana) para luego reivindicar el "socialismo" y el "comunismo" basándose en las enseñazas de los revisionistas (sin desconocer que Guevara se opuso decididamente a la línea revisionista en cuanto a los estímulos materiales como base de la construcción socialista, privilegiando abiertamente los estímulos morales para tal fin).
De igual manera el guevarismo se ha planteado la lucha por la liberación nacional, liberación que conciben solamente con respecto al imperialismo yanqui, pero sus vacilaciones los ha llevado a postrarse de rodillas frente a otras corrientes y centros de poder imperialista: Cuba al social imperialismo y los neoguevaristas, además, a la socialdemocracia y a la democracia cristiana.


¿CUALES SON LAS "ENSEÑANZAS"?


Sin embargo, es en el terreno de las "enseñanzas" de la revolución cubana donde se ha hecho más énfasis y donde algunos "marxistas" siguen repitiendo las tesis que Guevara sintetizó así:
"1- Las fuerzas populares pueden ganar una guerra contra el ejército. 2- No siempre hay que esperar a que se den todas las condiciones para la revolución; el foco insurreccional puede crearlas. 3- En la América subdesarrollada el terreno de la lucha armada debe ser fundamentalmente el campo. (Estrategia y Táctica de la Revolución LÁ. Pág... 38 Ormigon Editores Abril del 81)
A partir de estos »grandes descubrimientos", desarrollaron otra serie de postulados "teóricos" de los cuales la pequeña burguesía sigue haciéndose eco, en sus momentos de desesperación y en sus ansias de aventura.
Teorías como la revolución continental, que pretende r9ducir el internacionalismo al marco estrecho de América Latina a la vez que desconoce el desarrollo particular de las contradicciones en los distintos países; y el tercer mundismo, que lleva a algunos personajes a considerar que los únicos movimientos revolucionarios, son los de América Latina, Asia y África, llegando a plantear que el proletariado de los países imperialistas, es también enemigo de la revolución.
La tesis manida de que no es necesario construir un Partido de Vanguardia de la Clase Obrera, sino una organización político—militar de carácter fundamentalmente campesino y no proletario. Algunos superando a Guevara y haciéndose solidarios con Salvador Cayetano Carpio, tratan de "poner de moda" las teorías del "partido en armas" y otra serie de "teorías" que tendremos que analizar más adelante.


La táctica y estrategia del guevarísmo se fundamenta en la creencia de que un "foco" o un ejército de campesinos, levantando las banderas de la lucha por la tierra, puede tomarse el poder y construir el socialismo. De allí se derivan otras "enseñanzas" que los conduce a desconocer el análisis concreto de la situación concreta y a convertir en un principio general la expresión de Guevara "utilizar todas las formas de lucha, teniendo como eje principal la lucha armada", planteamiento que han disfrazado de leninista y maoísta y frente al cual los jefes del "Grupo Comunista Revolucionario de Colombia", los del "PLA—EGP" y otros que se dicen marxistas, se arrastran haciéndole concesiones al foquismo (ver "Alborada Comunista" de mayo de 1988); hablaremos de esto más adelante, pues esta interpretación revisionista ha causado y sigue causando graves daos al movimiento revolucionario.
Puede argumentarse en su defensa que los hombres en su desarrollo van madurando los conceptos y que evidentemente4 Guevara, luego del triunfo de la revolución cubana, completó su formación y su teoría fue convirtiéndose en teoría científica.
Pero podemos afirmar, como demostraremos más adelante, que pese al lenguaje "marxista" de su discurso, no hubo modificación de fondo alguna, salvo agregarle a "su teoría" transfusiones del revisionismo moderno.



¿QUE NOS DICEN SUS SEGUIDORES?


Por ese camino los "radicalísimos" seores del sesenta, que nos decían que la segunda declaración de la Habana era "El manifiesto comunista para América Latina" (ver documentos del PCC P1—L) hoy después de sus travesuras aventureras, regresan (desde el punto de vista político) al seno de su padre revisionista, pues se les antoja que la democracia burguesa colombiana, que está caduca, necesita ser "remozada" y no se les pasa por La mente que lo que la sociedad actual necesita, es la democracia proletaria, sino que están tratando de devolver la rueda de la historia y quieren una "nueva constituyente" parecida a la de 1863 (ver constitución de Rionegro del General Mosquera), estos marxistas—leninistas", "radicales" pequeño burgueses, no miran pues adelante, al futuro, están enamorados del pasado y quieren hacer pasar sus teorías reaccionarias por teorías de vanguardia.
Pero los más consecuentes Guevaristas de la década del sesenta, el ELN, actualmente sólo dejan entrever, el más insignificante y estrecho "nacionalismo burgués". Su "marxismo nacional ("crítico!! como lo llaman los sandinistas), su "socialismo camilista" como lo llama Manuel Pérez, que se fundamenta en derrotar al imperialismo yanqui y junto con la socialdemocracia, la democracia cristiana y los social imperialistas construir una "patria libre" y "justa", no es otra cosa que el empeño reaccionario de aplazar indefinidamente la contradicción principal. La contradicción entre el capital y el trabajo, que solamente puede resolverse con la abolición de la propiedad privada y las clases.
Así nos dicen que el socialismo del marxismo ortodoxo, no es realizable en los países atrasados y "periféricos"; que el proletariado no es la clase capaz de construir el socialismo (de ellos); y que la dictadura del proletariado es un invento de Lenin "el dogmático" (que hizo mucho mal con el libro "E] Estado y la Revolución"); que solamente l pequeña burguesía como núcleo dirigente, junto con "la burguesía nacional" y todos los sectores populares, pueden acercar gradualmente a la sociedad a los ideales de igualdad y demás cosas agradables a la pequeña burguesía. (Ver "La Transición Difícil" La autodeterminación de los pequeños países periféricos. José Luís Coragqio y Carmen Diana Deere y otra "pléyade de grandes pensadores" por la clase obrera, Siglo XXI Editores, 1986).
Estas "novísimas teorías" de los neoguevaristas, no son otra cosa que contrabandos ideológicos de vieja data a lo Berstein y a lo menchevique, que solo ponen en evidencia el afán de la pequeña burguesía por seguir manteniendo el capitalismo con tal de compartir el poder con la burguesía, pero de igual forma nos están demostrando la vigencia del marxismo-leninismo y la incapacidad de la pequeña burguesía que no encuentra en su desespero, otra cosa que hacer, que "revivir" las viejas teorías reaccionarias, puestas ya en su justo lugar por los comunistas.
"Nosotros no consideramos al marxismo como un dogma, ni como algo acabado estamos convencidos -dice Lenin-, de que esta teoría no ha hecho sino colocar las piedras angulares de la ciencia que los socialistas deben impulsar en todas direcciones, si es que no quieren quedar rezagados de la vida..." Así que no puede haber un fuerte Partido Comunista, ni un fuerte Movimiento Obrero Revolucionario, sin una teoría revolucionaria que agrupe a todos los hombres de vanguardia, de la que estos beban, se formen y apliquen en sus luchas. "La teoría de Marx puso en claro la verdadera tarea de un partido socialista revolucionario: no inventar planes de reestructuración de la sociedad(que es lo que hay hacen los neoguevaristas) ni ocuparse de la prédica a los capitalistas y sus acólitos de la necesidad de mejorar la situación de los obreros (lo que hoy trotskistas, mamertos ,y demás revisionistas hacen), ni tampoco urdir conjuraciones (como lo entienden los anarquistas y lo entendía Guevara), sino organizar la lucha de clase del proletariado y dirigir esta lucha, que tiene por objetivo final la conquista del Poder político por el proletariado y la organización de la sociedad socialista." (Ver ‘Nuestro Programa’. Pág... 195 y U T. 8 Obras Completas Editorial Progreso 1984. El subrayado y los paréntesis son nuestros.)
II. La concepción Guevarista Del Mundo
Pese a decir que "reconocemos las verdades esenciales del marxismo como incorporadas al acervo cultural y científico de los pueblos y lo tomamos can la naturalidad que nos da algo que ya no necesita discusión" (Obras, T.lI p. 94, seg. Edición Casa de las Américas, 1977) nunca entendió las verdades elementales del marxismo; sus teorías y más exactamente su práctica demuestran el desconocimiento, por su parte, tanto del materialismo dialéctico, como del materialismo histórico, de tal forma que jamás pudo entender las limitaciones materiales objetivas que rodean a los hombres y a los movimientos sociales.


¿QUIENES HACEN LA REVOLUCIÓN?


Guevara nos dice que basta la voluntad de un "pequeño grupo de hombres apoyados por el pueblo y sin miedo a morir si fuera necesario" para derrotar cualquier ejército y tomarse el poder.
Así el problema de la revolución y de la liberación social es un problema de fe y de voluntad de pequeños grupos o individuos, que desarrollando la lucha armada y acciones heroicas crean las condiciones subjetivas y que, con su ejemplo, harán que las masas los sigan.
El guevarismo, cae en la concepción idealista de la historia cuando defiende la idea de que son los grandes hombres la fuerza motriz de la historia y cuando concede a las "vanguardias" el papel determinante. La incapacidad de comprender el papel de las masas y el desconocimiento del desarrollo de las contradicciones, le permite a Guevara y sus seguidores continuar afirmando que "no siempre hay que esperar a que se den todas las condiciones para la revolución; el foco insurreccional puede crearlas" (Estrategia y Táctica de la Revolución Latinoamericana, p. 38, Ormigón Editores, Abril 1981), concediendo a las masas el papel de colaboradoras y apoyo de los grandes hombres, que inflamados de odio luchan o "lucha por cambiar el régimen social que mantiene a todos sus hermanos desarmados en el oprobio y la miseria. $e lanza contra las instituciones especiales de la institucionalidad de un momento dado y se dedica a romper, con todo el vigor que las circunstancias permitan, los moldes de esa institucionalidad" (Obra citada Pág... 41).
El marxismo afirma por el contrario que "la liberación de la clase obrera es obra de la clase obrera misma" y otorga a las masas el papel determinante, ubicándolas como la fuerza motriz de la historia y ha demostrado desde siempre la justeza de su análisis. Así, el materialismo sostiene que los hombres, incluidos "los grandes", son un producto histórico
social, en últimas, resultantes de las contradicciones de la sociedad en donde habitan y, "el hecho de que surja uno de estos, precisamente éste y en un momento y un país determinado, es naturalmente una pura casualidad. Pero si lo suprimimos, se planteará la necesidad de reemplazarlo, y aparecerá un sustituto, más o menos bueno, pero a la larga aparecerá". (Cartas Sobre Materialismo Histórico, F Engels, 1890-1894, Ed. Progreso, 1980. Pág. 27).
Y es que el marxismo se basa y fundamenta no en las ideas y en las creencias, sino en el análisis del movimiento objetivo de la sociedad, donde en últimas, el desarrollo está determinado por las contradicciones entre las diferentes clases y los intereses económicos de estas clases que, independientemente de su voluntad, se enfrentan, luchan, hasta alcanzar estas luchas connotaciones políticas e ideológicas y formas violentas.


Pero el Marxismo nunca ha desconocido el papel de las personalidades en la historia, por el contrario les otorga su justo lugar; pues bien sabemos que de acuerdo al grado de comprensión del movimiento social del cual forma parte, un individuo puede acelerar o retrazar un proceso, de igual forma que los dirigentes pueden contribuir a ahorrarle sacrificios innecesarios, o al contrario pueden conducirlo a descalabros. Así, los individuos juegan, o bien un papel revolucionario, progresivo, si su actuación corresponde con la marcha objetiva del movimiento, o bien pueden jugar un papel reaccionario si su actuación va en contravía del movimiento general de la sociedad.


En ocasiones, como corresponde a Guevara, cuando los hombres no tienen en cuenta las leyes objetivas y Las circunstancias y limitaciones de su actuación, es decir, cuando se cree que la revolución es un problema de buena fe y de mucha voluntad, se termina abortando un proceso, retrazándolo, haciéndolo más doloroso y difícil, cosa ocurrida en Bolivia y demás países latinoamericanos con la teoría del foco. El daño ocasionado por el foquismo es invaluable, no solamente por la cantidad de muertos innecesarios (los grandes dirigentes revolucionarios desaparecidos detrás de esta aventura), sino también el desgaste infructuoso que ha llevado a la perversión de la forma de lucha guerrillera, pretendiendo ahora utilizarla, por parte de la pequeña burguesía, no para destruir el régimen, sino para tranzar acuerdos —mediante la presión—, con la burguesía, en el intento de repartirse el aparato de dominación—.


LAS FUERZAS DEL MOVIMIENTO


Pero la concepción guevarista, no solamente se queda en mirar a las masas como el apoyo de los héroes, es incapaz de comprender el movimiento de una manera dialéctica, y como los anarquistas solo admite los saltos, los cataclismos, las revoluciones; Guevara nos cuenta que "la fecha precisa en que se iniciaron las acciones revolucionarias que culminaron el primero de Enero de 1959, fue el 26 de Julio de 1953. Un grupo de hombres dirigidos por Fidel Castro atacó la madrugada de ese día el Cuartel Moncada en la provincia de Oriente" (Obras T. II Pág.. 367), con lo que nos dice que antes del 26 de Julio del 53, no existió ni movimiento revolucionario, ni acción revolucionaria. Esta visión estrecha de la historia, esta pretensión de acomodar los hechos a la imaginación, lo lleva a desconocer que del año 1900 al año 1959, estallaron más de veinte levantamientos de campesinos, jornaleros y proletarios agrícolas en la misma provincia de oriente, sin mencionar las grandes jornadas estudiantiles y las huelgas de las primeras décadas de siglo.
Guevara y los guevaristas, no han entendido que los cambios cuantitativos por pequeños que sean, preparan y maduran los grandes saltos cualitativos, que aparecen como rompimientos en la continuidad.
"El movimiento es evolutivo -dice Stalin- cuando los elementos progresivos continúan espontáneamente su labor cotidiana e introducen en el viejo régimen pequeños cambios, modificaciones cuantitativas.. El movimiento es revolucionario cuando esos mismos
elementos se unen, se penetran de una misma idea y se precipitan contra el campo enemigo, para destruir de raíz el viejo régimen e introducir en la vida cambios cualitativos, instaurando un nuevo régimen. La evolución prepara la revolución y crea el terreno para ella, la revolución corona la evolución y contribuye a su obra ulterior" (Obras Completas "Marxismo y Anarquismo" T.I Pag. 308, Ed, 8 de Junio).


IDEALISMO Y VERDADES ETERNAS


De igual manera los guevaristas y neoguevaristas han creído que la revolución y el socialismo, no son el producto del desarrollo histórico de las fuerzas productivas y la lucha de clases, sino que obedecen, como creía Bakunin, —y en ello no se diferencian mucho de— Hegel— a los instintos naturales de libertad, justicia e igualdad —leyes eternas o ideales— a los cuales la humanidad ha venido acercándose, y no es por otra razón que tratan ahora de identificar el marxismo, la ciencia, con el cristianismo y que dentro de sus grandes maestros se encuentre Camilo Torres Restrepo.
La libertad, sostienen los marxistas, no es otra cosa que la conciencia de la necesidad y en esa medida se han preocupado siempre de aportar a la liberación de la clase obrera y las masas, buscando detrás de todo planteamiento los intereses de las clases que los argumentan, llegando a establecer claramente, corno, lo que para los idealistas son verdades eternas —la moral, la justicia y la igualdad— siempre han correspondido a los intereses de las clases y su consecuente evolución a través de los distintos estadios sociales.
Todas las ideas tienen un sello de clase y un significado particular para cada una de ellas. Si la libertad, que para la burguesía y para el idealismo subjetivo y ubicado en él, el guevarismo, es la exigencia de la libertad individual (en la burguesía para explotar y competir en el mercado y en el guevarismo para "hacer revolución" ) , en el proletariado no consiste sino, en el conocimiento de las leyes que mueven los procesos y fenómenos para hacerlos obrar según un plan para nuestros fines, de acuerdo a la naturaleza de los mismos.
El socialismo no fue posible siempre; para que él fuera posible y necesario, la humanidad tuvo que haber creado las modernas fuerzas productivas y haber entrado estas en contradicción con las relaciones sociales derivadas del modo de producción capitalista.
De tal forma, la igualdad, la justicia, la moral, tienen en la burguesía su significado particular, que en el fondo solo pretende justificar la explotación y defender la propiedad privada, teniendo de esa forma un instrumento más para sojuzgar e impedir que la clase obrera quite el manto que encubre su contenido real. Por el contrario, para el proletariado no tienen otro significado que la abolición de la propiedad privada y las clases mismas, cualquier consideración que se aparte de esta base real cae necesariamente en la sofistería, por eso, cuando se menciona y se habla de una pretendida justicia e igualdad en general, se está contribuyendo a oscurecer el contenido real de las mismas y por consiguiente se está cayendo en el mismo campo burgués -al final el más interesado en mantener el velo-.


"Toda teoría moral que ha existido hasta hoy es el producto, en última instancia de la situación económica de cada sociedad. Y como la sociedad se ha movido hasta ahora en contraposiciones de clase, la moral fue siempre una moral f de clase; o bien justificaba el dominio y los intereses de la clase dominante, o bien, en cuanto la clase oprimida se hizo lo suficientemente fuerte, represento la irritación de ¡os oprimidos contra aquel dominio y los intereses de dichos oprimidos orientados al futuro. Una moral realmente humana que esté por encima de las contraposiciones de clase, y por encima del recuerdo de ellas, no será posible sino en un estadio social que no solo haya superado la contraposición de clase, sino que ¡a haya además olvidado para la práctica de la vida’.
Federico Engels.



Desconociendo estas verdades, el guevarismo y el neoguevarismo, no contribuyen a develar las contradicciones y a explicar científicamente el movimiento ascendente de la sociedad, sino por el contrario, contribuyen a oscurecer la conciencia de las masas y a perpetuar su ignorancia, sirviendo con ello a su enajenación y no a su liberación como pretenden hacer creer sus jefes o como su militancia sinceramente cree.
El marxismo, es la teoría más revolucionaria, no por dogmatismo —como sostienen los idealistas— sino porque es la única teoría y método que ha sido capaz de descubrir las leyes generales que han llevado a la humanidad a la época del imperialismo, e igualmente ha establecido con claridad las leyes y contradicciones que marcan su agonía y el futuro luminoso del comunismo, y sobre todo, ha descubierto la única clase capaz de dirigir la sociedad hacia ese fin: la clase obrera.



EL "FOQUISMO": LA LUCHA ARMADA "EJE PRINCIPAL"


Hablando de las enseñanzas de la revolución cubana y atribuyéndose el mérito de "haber destruido todas las teorías de salón —dice Guevara—: Hemos demostrado que un grupo pequeño de hombres decididos apoyados por el pueblo y sin miedo a morir si fuera necesario puede llegar a imponerse a un ejército regular y disciplinado y derrotarlo definitivamente. Hay otra que deben recoger nuestros heredados de América Latina, situados en la misma categoría agraria que nosotros y es que hay que hacer revoluciones agrarias, luchar en los campos, en las montañas y de aquí llevar la revolución a las ciudades, no pretender hacerla en estas sin contenido social integral." (Obras T. II 9.21).
No es solamente el culto a los grandes hombres lo que caracteriza el guevarísmo, es también la creencia de que un foco guerrillero que va "haciendo la reforma agraria", va haciendo con ella el socialismo y llega todavía mas lejos; la deducción de que la revolución no consiste sino en derrotar al ejército, lo conduce a plantearse que "hay argumentos fundamentales que, en nuestro concepto, determinan la necesidad de la acción guerrillera en América como el eje central de la lucha" (Estrategia y Táctica Pág.. 58) y no hay en tales ‘argumentos" una sola referencia a la lucha de clases y a las formas de organización y lucha de las masas, salvo para ubicarlas coma potenciales "colaboradoras" del grupo guerrillero, del "foco".
Este postulado revisionista, que luego han sintetizado en "utilizar todas las formas de lucha teniendo como eje principal la lucha armada", no es más que la interpretación pequeño burguesa de la lucha de clases.
Muchos de los que se dicen Marxistas—Leninistas, en la actualidad, pretenden reeditar el "foquismo"; desde los jefes del Grupo Comunista Revolucionario, hasta personajes de "Deslinde", pasando por el PLA EGP, "Praxis", etc. Estos compañeros no han entendido todavía el ABC de la lucha de clases o al menos eso demuestran, al hacerse eco de los
postulados revisionistas de Guevara y de Carpio en su insistencia de "Partido en Armas" y en la adopción de la tesis guevarista de la lucha armada "como eje principal" (de los "partidos en Armas" hablaremos adelante).


EL LENINISMO: SOBRE LA LUCHA GUERRILLERA


Pero dejemos que sea Lenin quien hable por nosotros: "En principio, jamás hemos renunciado ni podemos renunciar al terror. El terror es una acción militar que puede ser utilísima y hasta indispensable en cierto momento de la batalla, con cierto estado de las fuerzas y en ciertas condiciones." Y prosigue haciendo ver que mientras no exista un partido fuerte, esta práctica no desorganiza las fuerzas enemigas sino las propias. "... Recuerden los últimos sucesos: ante nuestros propios ojos, grandes masas de obreros de la "plebe" de las ciudades arden en deseos de lanzarse a la lucha, pero resulta que los revolucionarios carecen de un Estado Mayor de Dirigentes y Organizadores. En estas condiciones, el paso de los revolucionarios más enérgicos al terror, no amenaza con debilitar las únicos destacamentos de combate en que se pueden cifrar esperanzas serias? No implica el peligro de que se rompa el lazo de unión entre las organizaciones revolucionarias y las dispersa5 masas de descontentos, que protestan y están dispuestos a luchar, pero que son débiles precisamente a causa de su dispersión? Porque no debe olvidarse que este lazo de unión es la Única garantía de nuestro éxito..." Y esta no es precisamente la experiencia dolorosa de todo el "foquismo" anterior en América Latina? No es este precisamente el error más grave del PCC (M—L) y de todos los revolucionarios del 60? ". .Estamos muy lejos de pensar que deba negarse todo valor a heroicos golpes aislados —prosigue Lenin- pero es nuestro deber prevenir con toda energía contra toda afición al terror, contra su concepción como medio principal y fundamental de lucha, cosa a la que tanto se inclinan muchísimos en el momento actual." Y no es hacia allí que se encaminan nuevamente algunos marxistas—leninistas cuando el esfuerzo fundamental va encaminado a formar destacamentos militares, cuando ni siquiera se tiene una influencia de peso en la clase obrera? "…El terror jamás será una acción militar de carácter ordinario: en el mejor de los casos, solo es utilizable como uno de los medios que se emplean en el asalto decisivo" (Obras Completas 1. Y "Por Donde Empezar" los subrayados son nuestros).
Y que estos "leninistas" y "maoístas" no sigan achacando tesis revisionistas como "la lucha armada como eje principal" a la teoría revolucionaria porque los comunistas nunca han mirado la guerra revolucionaria solamente como el enfrentamiento entre ejércitos o aparatos, sino como el enfrentamiento de las clases. La lucha armada no es pues para los marxistas su actividad principal en todo momento, -como dicen los guevaristas—, sino cuando está cerca la insurrección, o cuando la lucha armada cobra carácter de masas, o cuando son las masas armadas las que se enfrentan al enemigo (uniformado o no), o cuando la lucha de clases adquiere carácter de guerra civil generalizada. Tal como nos lo muestra la historia del movimiento comunista, en la guerra popular en China, en la guerra popular en Viet Nam, y como lo vemos ahora en la guerra popular en el Perú.
En este planteamiento no existe ningún peligro de desviación, como sostenía en alguna discusión un compañero de "Deslinde", ya hemos dicho que no nos oponemos a toda acción violenta, pero, "El partido del proletariado jamás pude considerar que la guerra de guerrillas será el único método de lucha, ni siguiera el principal; que este método debe estar subordinado a los otros, debe guardar proporción con los métodos principales de lucha y estar ennoblecido por la influencia ilustrativa del socialismo." (Lenin, Obras Completas T. 14 paq. 10 "Sobre la Guerra de Guerrillas"; subrayado nuestro>. Las formas de lucha que se dejan a su marcha espontánea, es decir, cuando no tienen la dirección del partido del proletariado, se descomponen, se pervierten y se prostituyen (ver obra citada). Y es que
acaso la lucha guerrillera dirigida y librada por la pequeña burguesía colombiana no ha conducido a la perversión de este método?


EL FOQUISMO NO TIENE NADA EN COMUN CON LA GUERRA POPULAR!


Pueden algunos marxistas "engolosinarse" nuevamente con el foquismo, sin hacer un análisis serio y repetir la historia? Posiblemente, pero solamente los pequeño burgueses podrán seguir aventurando y creyendo que su guerra es la guerra del proletariado y las masas. Los compañeros que de buena fe están en los grupos foquistas, pueden seguir creyendo que estan haciendo lo mejor, pero cualquiera que no "trague entero" o posea un poco de conocimiento, cualquier marxista serio tiene que reconocer que la lucha foquista librada en el país no sirve a los intereses de la lucha de clase del proletariado, sino a obscurecer la conciencia de las masas.
El foquismo, el guerrillerismo errante, los grupos de combatientes profesionales que llegan a las zonas campesinas como los salvadores y que no vinculan a las masas a una verdadera guerra popular, ha llevado a los jefes guerrilleros a componendas con los capitalistas (defensa de la propiedad privada a cambio de una cuota, el narcotráfico, el secuestro). Para terminar, como en el caso del M—19, renunciando no solamente a la lucha guerrillera, sino también a la lucha de clases, desengañando a los revolucionarios honrados que militan en estos grupos, y todo esto a cambio de las migajas en el aparato del poder del Estado.
La lucha querrillera nacida del periodo del 48, es producto de unas condiciones materiales objetivas concretas, muy distintas de los "focos" guerrilleros creados por la pequeña burguesía en el periodo de finales del ¿O, forma de lucha implantada en los campos (bajo la teoría del foco" de Debray y de una aplicación mecanícista pequeño burguesa de la guerra popular prolongada), que lleva más de veinte aos y que no ha pasado de ser una guerra artificial e interminable, sin lograr convertirse en guerra del pueblo, en guerra de masas. Cosa muy contraria de lo que viene sucediendo en el Perú, con la GUERRA DE MASAS dirigida por el Partido Comunista de ese país.
Respecto a los compañeros marxistas—leninistas que aplicando mecánicamente la concepción de la guerra popular prolongada, sostienen que debemos marchar al campo y poner la lucha guerrillera como la forma principal de lucha, deberían mirarse en el espejo de los esfuerzos de esta índole que ya hicieron los marxistas—leninistas del 60. Pese a sus buenas intenciones, terminaron haciendo focos. Es que son, también aquí, las condiciones concretas las que determinan la validez histórica de las formas de lucha.


LA ORGANIZACIÓN DE VANGUARDIA
¿"PARTIDO EN ARMAS" O PARTIDO DE CLASE?


Incapaz de comprender la lucha de clases, incapaz de asimilar el materialismo histórico, a Guevara no se le pasaba por la mente la necesidad del partido político de la clase obrera y al igual que los elementos desclasados se le antoja que "El pueblo masa todavía dormida a quien había que movilizar y su vanguardia1 la guerrilla1 motor impulsor del movimiento, generador de conciencia y de entusiasmo combativo. Fue esta vanguardia el agente catalizador, el que creó las condiciones subjetivas necesarias para la victoria." (Obras T. II paq. 368, el subrayado es nuestro). Sólo a los anarquistas --Bakunin, que hablaba de "la propaganda por los hechos"- se les puede ocurrir que sus acciones generan conciencia revolucionaria y movilizan (cualquiera que conozca la historia no puede más que sonreír con tan "gran enseñanza" que todavía repiten como loros los pequeño burgueses); a lo narciso. no pueden entender que las masas se movilizan y luchan revolucionariamente cuando
adquieren conciencia de sus reales intereses y no por simple seguidismo de los ‘hombres de vanguardia".
Las llamadas organizaciones político—militares, los "Partidos en Armas", son un invento pequeño burgués y han demostrado su incapacidad para dirigir la lucha de clases del proletariado, sus ideólogos han tenido que recurrir a inventarse e implantar las llamadas "Organizaciones Intermedias de Masas" u "organizaciones Políticas de Masas"; que no son, ni organizaciones naturales de las masas, ni organizaciones del partido.
En todas las organizaciones político—militares, en todos los "partidos en armas", cada jefe (de comando, escuadra, columna, etc.) decide por sus subalternos y el Jefe Único o "Comandante en Jefe", decide por todos, convirtiéndose así las organizaciones, no en instrumentos de la clase, sino en dóciles instrumentos de sus "amos y dueños" —Al estilo feudal donde cada seor tiene sus siervos— y para nadie es desconocido como se han saldado las discusiones ideo políticas en el seno de todas estas organizaciones, o con el asesinato, llamado "ajusticiamiento", o con la expulsión sin argumentaciones (Roque Dalton en el Salvador, Aguilera, Romero Buj en Colombia, etc.). De otro lado, es habitual que cada "comandante" desarrolle su actividad y dirija "su gente", no bajo la orientación y dirección de un órgano central, sino de acuerdo a su criterio, presentándose inevitablemente organizaciones autónomas dentro de la organización (Sandinistas, UC—ELN, ADO, etc.).
En contra de lo que piensa la pequeña burguesía, los comunistas sostienen que la vanguardia de las masas, la vanguardia del proletariado: Primero, solo puede ser la parte más conciente de la clase de los proletarios, sus ideólogos y dirigentes, su destacaento de que tiene que organizarse en un partido independiente. Segundo, que debe elevar a las_ masas atrasadas, no solamente desde el punto de vista de la actividad, sino y principalmente desde el punto de vista de la Comprensión de sus intereses de su Misión Histórica a su nivel de comprensión. Tercero, que ello sólo lo el transcurso de su lucha, económica (de resistencia), política e ideológica—teórica y no en la lucha que libran los "héroes" por ellas.
El proletariado necesita su partido Revolucionario, dirigente de todas las formas de lucha y de organización de las masas que aparecen en el desarrollo de la lucha de clases; los marxistas no se inventan las formas de lucha, los comunistas aprenden de las masas y generalizan, organizan y hacen conciente las formas de lucha que las masas desarrollan y que sirven a su propósito: Derrotar la clase de la burguesía y destruir su aparato de dominación, su estado, sustituyéndolo por el Estado de la clase de los proletarios y por el pueblo en armas.
De aquí se comprende que la forma superior de organización —la vanguardia— no puede ser el foco guerrillero de radicales pequeño burgueses, como siguen creyendo los neoguevaristas, tampoco puede ser, por consiguiente, la organización de obreros medios y los grupos de conjuradores, que a lo suma podrán ir a la cola de cualquier corriente burguesa de moda.
Por ultimo, pueden sus seguidores decir que Guevara, después del triunfo de la revolución cubana se "convirtió" al marxismo y defendió las tesis leninistas del partido de cuadras, pero también allí veremos que "su marxismo" sólo consistió en las inyecciones que recibió de los revisionistas. Así nos sustenta las teorías de la "discusión colectiva, decisión y responsabilidades únicas" (ver Obras, "El partido Marxista—Leninista"), es decir, se discute pero en últimas es el jefe quien decide.
Para terminar de impulsando en Bolivia y en común acuerdo con los mamertos, no el Partido Marxista—Leninista del cual habló alguna vez y del cual necesitaba la clase obrera en Bolivia, sino un tristemente célebre, "foco guerrillero".


¿PLURALISMO IDEOLOGICO O HEGEMONIA PROLETARIA?


Guevara el radical, "critico furibundo" de los electoreros partidos mamertos, termina junto con estos en el "Partido Unificado de la Revolución" en Cuba y defendiendo la entrega de la isla al dominio del imperio ruso (ver carta de despedida a Fidel Castro). No es raro, por tanto, que en el continente, ninguna organización terrorista (ELN, Tupamaros, ADO, FALN, FPL, Sandinistas, etc.) haya sentado una posición de principios frente a los partidos mamertos y frente al social imperialismo. De igual manera, no puede extrañarnos que Guevara terminara "conciliando" con los mamertos del "Partido Comunista Boliviano" realizando acuerdos para impulsar un foco guerrillero en ese país, como tampoco puede extrañarnos que en las distintas agrupaciones neoguevaristas convivan pacíficamente "cristiano — marxistas" socialdemócratas, nacionalistas, y toda clase de oportunistas.
Los neoguevaristas, los "marxistas críticos" hoy nos traen lo "último en guarachas" y contra todo "dogmatismo ortodoxo’, nos plantean que ante la existencia de una cantidad de "vanguardias", lo que hay que hacer —defendiendo el pluralismo a lo kautskiano y trotskista— es una "vanguardia colectiva". Lo que es más o menos una versión del guevarísmo un poco menos "pudorosa" y esta no puede ser otra cosa que una posición abiertamente revisionista y oportunista.
Desde Marx y Engels, los comunistas han defendido en la teoría y en la práctica, la justeza y necesidad de la independencia ideológica, política y organizativa del proletariado. El proletariado no puede llevar a cabo su misión histórica: La abolición de la propiedad privada y de las clases; si no lucha independientemente para garantizar su HEGEMONIA en la conducción del movimiento revolucionario. La única clase que no tiene nada que perder, por consiguiente la única clase capaz de llevar la sociedad a la abolición de toda forma de opresión y explotación es la clase obrera, en esa medida tiene que "ganarse", por así decirlo, al resto de las masas explotadas, para su programa, su táctica y sus métodos. No es solamente para conquistar el poder político, que la clase obrera necesita su partido; con más razón lo necesita para sostenerse en él. La burguesía, necesitó de sus partidos en los distintos estados y países para conquistar el poder político, a la vez que se sirve del estado por Medio de ellos. De la misma manera el proletariado no puede abandonarse a su suerte, sino por el contrario tiene que organizarse, antes y después de la toma del poder para alcanzar sus objetivos.
Los comunistas hemos aprendido en más de un siglo de existencia, que la unidad se conquista, mediante la diferenciación ideológica y política, delimitando rigurosamente los matices y combatiendo a los oportunistas. Comunista no es el que se pone el rótulo y la historia ha demostrado (a veces dolorosamente) que los agentes de la burguesía también se disfrazan de comunistas, también se arman y se "hacen revolucionarios" y que en los momentos decisivos, pueden echarlo todo a perder, hacer fracasar la revolución y que la única garantía de que ello no suceda es desenmascararlos a los ojos de las masas, expulsarlos del partido y de las organizaciones proletarias y derrotarlos teórica y prácticamente en el movimiento.
Quienes de buena fe creen que todo oportunista que empuñe un arma y se autoproclame revolucionario, lo es, y no lo desenmascaren ante las masas, se convierten, de buena fe también, en oportunistas y en traidores de la causa de los obreros.



SOBRE EL ESTADO: ¿DICTADURA DE QUIEN?
ANARQUISTAS Y REVISIONISTAS


Los guevaristas, pueden argumentar que su jefe defendió teórica y prácticamente la dictadura del proletariado y que ello ya es una oposición de principios frente al anarquismo; pues bien: en primer lugar los anarquistas han sido violentos defensores de la abolición del estado, pero luego que Marx y Engels demostraron la inconsistencia y utopía de sus teorías sobre el estado, muchos se pasaron al lado de los revisionistas y filaron con Berstein y Kautsky, defendiendo el "autonomismo", la "democracia pura" y ahora los neoguevaristas hablan de "socialismo" a secas; su condición de pequeño burgueses les hace resistirse a todo lo que sea disciplina y trabajo, al igual que la burguesía, no pueden aceptar que la "chusma ignorante" dirija la sociedad.
En segundo lugar, fue sólo después de la revolución cubana que Guevara aceptó teóricamente la idea de la dictadura del proletariado; pero la entendió como la concebía la camarilla dominante en la URSS, es decir, como la dictadura de los burócratas del partido que a nombre de los obreros explotan y oprimen las masas de su país y expolian a otras pueblos.
Guevara, todavía después de la revolución cubana le seguía atribuyendo a los- grandes hombres todo el mérito y los ubicaba como la "columna vertebral" para la construcción socialista; su socialismo no pasaba de ser la obra de los cuadros, desplazando las masas, menospreciando su papel creador y transformador, excluyéndolas de su participación consciente en la administración del estado, en la planificación económica y en el control sobre la burocracia estatal, quedando así relegadas a cumplir en su fábrica o frente de trabajo las directrices de los burócratas. Las asambleas de fábrica y demás, que Guevara defendía, no iban encaminadas a que las masas definieran y tomaran una actitud consciente frente a todos los problemas sino a discutir los problemas particulares y concretos de "su fábrica", castrando su potencial.
Es que para la pequeña burguesía es muy difícil aceptar que son las masas, verdaderamente, la fuerza motriz de la historia, además de esconderse detrás de su actitud, el interés mezquino por conservar los puestos privilegiados en el poder.



LOS "MARXISTAS CREADORES"


Toda la lucha de la pequeña burguesía es por vivir bien sin tener que trabajar. Por eso los neoguevaristas, los "marxistas creadores" (sandinistas y demás ideólogos de la pequeña burguesía "radical’ latinoamericana) nos dicen ahora que "los antiguos modelos del proletariado industrial como fuerza dirigente y la vanguardia como su representante política dentro de una dictadura del proletariado no tienen validez para las transiciones al socialismo que se dan en los pequeños países de la periferia... 4 la vez (que) el portador de esta contradicción (contradicción principal) no es, como la lógica interna del desarrollo capitalista permitía teorizar, el proletariado industrial periférico9 sino un heterogéneo conglomerado de fuerzas sociales y étnicas en que predominan el campesinado y sectores urbanos difícilmente ubicables en el sistema tradicional (marxista) de clases, coma fuerza social, y una pequeña-burguesía revolucionaria, como grupo dirigente" (La transición difícil, Carmen Diana Deere — José Luis Coraggio y otros, Sigla XXI Editores, 198, paqs. 35 y 15. Paréntesis nuestros).
Así teorizan los "novísimos revisionistas" evolucionando el guevarismo, con la intención de convencer a los obreros de que su dictadura representa a toda la sociedad, en la medida en que también la burguesía "comprometida con la revolución" y las demás clases, tienen representación en el estado: económicamente a través de la empresa mixta y los organismos planificadores de la economía, políticamente a través de la "Asamblea Nacional
Popular" (ANP) y la "vanguardia", orquesta la conciliación de clases. (Ver obra citada: La transición... y analizar propuesta de "A Luchar").
La dictadura del proletariado, sostienen estos "grandes pensadores", es un gran error teórico de Marx, llevado a su extremo por Lenin en su folleto "El Estado y La Revolución". Muy por el contrario, dice Marx que su teoría sólo ha evidenciado que las leyes propias del capitalismo conducen allí; y por supuesto este descubrimiento que se constituye en la piedra angular de toda la doctrina marxista, es precisamente el que la hace más peligrosa y aborrecible por parte de la pequeña y gran burguesía. No es por otra razón que Berstein, Kautsky y desde ellos, todas las "novísimas" corrientes burguesas tengan como su principal blanco de ataque este postulado; por consiguiente no es pues la primera, ni será la ultima vez, que tengamos que poner el marxismo sobre su piedra de toque.
"No, se trata de lo que este o aquel proletaria, o incluso el proletariado en su conjunto, pueda represen tarse de vez en cuando cama meta. Se trata de lo que el proletariado es y de lo que está obligado his tóri cainen te a hacer, con arreglo a ese ser suyo. Su aieta y su acción histórica se hayan clara e irrevocablemente predeterminadas por su propia situación de vida y por toda Ja organización de la sociedad burguesa actual". (C. Marx, La Sagrada Familia, paq. 102, EdiL. Grijalbo).
Y, agregamos nosotros, que tampoco se trata de lo que tal o cual pequeño o gran burgués o incluso toda la clase de la burguesía quiera o tenga por objetivo en determinado momento. Se trata de una contradicción antagónica que como ley del capitalismo se impone, a pesar de y contra todos aquellos que pretenden desconocerla olímpicamente o que ingenuamente busquen humanizar el capitalismo.
¿De dónde se deduce que la sociedad burguesa y la democracia burguesa conducen a la sociedad a establecer la dominación de la clase de los proletarios, su dictadura? Veamos: El marxismo descubrió la génesis, el desarrollo y las contradicciones que marcan el fin del modo de producción capitalista y dedujo de allí las premisas del socialismo. El leninismo desarrolla la teoría marxista analizando las nuevas condiciones del capitalismo desarrollado, el imperialismo. Lenin demuestra que el imperialismo es la fase superior y última del capitalismo, es decir el capitalismo agonizante, antesala de la revolución socialista proletaria mundial. El Marxismo-leninismo nos demuestra entonces, que estamos a un "pasito" del socialismo, que solamente hay que poner en concordancia las modernas fuerzas productivas con unas nuevas relaciones sociales de producción.
Nadie se atreve a negar que el capitalismo en su evolución ha reemplazado la libre concurrencia por el monopolio, de la misma manera que ha puesto al capital parásito financiero en el lugar predominante en oposición al capital industrial, conduciendo también a que un puñado de capitalistas se repartan el mundo y que, en su lucha desenfrenada por los mercados y las fuentes de materias primas, arrastren a los pueblos a las guerras de rapiña imperialistas. Es así que los imperialista han conducido a la humanidad a dos de estas carnicerías y todos sabemos de los preparativos de una tercera, donde incluso está en juego la existencia misma de la humanidad.
Y es que el imperialismo no tiene otra salida que quemar una gran parte de las fuerzas productivas creadas por el trabajo, ante la imposibilidad de los capitalistas por satisfacer las necesidades de la humanidad, y no por que no existan las premisas para satisfacerlas, sino porque el capitalismo y los imperialistas perderían su esencia: el interés de la ganancia.
A la par con el desarrollo de las fuerzas productivas, la centralización y el monopolio, el capitalismo ha ido socializando cada vez más los procesos productivos, vinculando cada vez
en mayor proporción la fuerza de trabajo en las grandes industrias, haciendo crecer las filas de el proletariado y disminuyendo, casi extinguiendo, la clase de los campesinos.
Los "sectores difícilmente ubicables en el sistema tradicional (Marxista) de clases", no son otra cosa que trabajadores proletarios también al servicio del gran capital, que les extrae la plusvalía a través de los empréstitos (del capital financiero la mayoría de las veces).
Las condiciones que constituyen al proletariado en la clase de vanguardia llamada a construir el socialismo no han variado (la contradicción principal sigue siendo la contradicción capital—trabajo) más aún, sus fuerzas numéricas y su experiencia no disminuyen sino que se acrecientan todos los días, la marcha de la sociedad no niega sino que confirma la tendencia histórica, que acerca a la clase obrera al poder y la impulsa (a pesar y contra las intenciones de sus enemigos) a establecer su dominación.
Las derrotas sufridas por el proletariado en los países en donde ha llegado al poder no sólo no invalidan la justeza de la necesidad de su dictadura, por el contrario nos alerta a hacerla total, omnímoda, como dirían los camaradas chinos y a no abandonar los terrenos una vez conquistados; este es el principal y más grande aporte de Mao Tse Tung y la experiencia de la Gran Revolución Cultural Proletaria China: Abolir las clases y la propiedad privada, abarca toda una época de revolución, con la instauración de la dictadura del proletariado no se acaban las clases, el socialismo solamente le facilita las condiciones a la clase obrera para su cometido, pero nadie puede garantizar de antemano, que la burguesía no se tome el poder nuevamente. Nadie puede alegar que fue la dictadura del proletariado la que convirtió a Rusia socialista en Social imperialista, muy por el contrario, fueron las fuerzas burguesas contrarrevolucionarias las que usurparon el poder a los obreros (esto no de ahora sino desde hace más de 30 años) y desmontaron sus fuerzas revolucionarias muchas veces a sangre y fuego para reinstaurar el capitalismo, como posteriormente también lo hizo la burguesía china.


INTERNACIONALISMO PEQUEÑOBURGUES O INTERNACIONALISMO PROLEATRIO


Queda, a pesar de lo dicho, un campo en el cual "puede" defenderse el guevarísmo: el internacionalismo. Sus seguidores, pueden presentar a Guevara como el internacionalista consumado, que siendo argentino peleó en Cuba y contribuyó enormemente a la victoria y construcción socialista en ese país, peleó en el Congo y murió peleando en Bolivia. Ello no puede obviamente desconocerse y echarse al costal de la basura, sin embargo, y como veíamos anteriormente, no es la buena voluntad y la fe lo que hace a los comunistas, allí también podemos demostrar que fue su actitud voluntariosa de "hacer revolución" lo que lo llevó a sus diferentes aventuras, pues en el terreno de los principios no fue más allá del chovinismo continental con respecto al imperialismo yanqui sin preocuparse en ningún momento del social imperialismo, del cual anduvo de la mano en todas sus andanzas.
No es por otra razón que frente al gran debate internacional de principios de la década del sesenta, en los momentos en que el movimiento comunista definía la orientación del proletariado mundial (la discusión y el deslinde entre el revisionismo del PCUS y el Maoísmo), Guevara y los jefes de los grupos terroristas latinoamericanos se limitaron a decir que ‘dadas la virulencia e intransigencia con que se defiende cada causa, nosotros, los desposeídos, no podemos tomar partido por una u otra forma de manifestar las discrepancias, aún cuando coincidamos a veces con algunos planteamientos de una u otra parte, o en mayor medida con los de una parte que con los de otra. En el momento de lucha, la forma en que se hacen visibles las actuales diferencias constituyen una debilidad; pero en el estado en que se encuentran querer arreglarlas mediante palabras es una ilusión. La historia las irá borrando o dándoles su explicación. En nuestro mundo en lucha, todo lo que sea discrepancia en torno a la táctica, método de acción para la consecución de objetivos limitados, debe analizarse con el respeto que merecen las apreciaciones ajenas. En cuanto al gran objetivo estratégico, la destrucción total del imperialismo por medio de la lucha, debemos ser intransigentes" (Ob. T II p. 597 s.n.)
Para el guevarísmo la discusión de principios divide (no depura), pero su concepción metafísica del mundo, que conduce al eclecticismo, le permite separar la táctica de la estrategia, los métodos de la línea política y esta a su vez de la ideología. Esta reducción vulgar y oportunista de los postulados esta vacilación para encarar a los enemigos del proletariado no conduce a desenmascarar a los traidores de la causa de los obreros, sino a reducir su peligrosidad.
Guevara, sí tomó partido y traicionó los intereses del proletariado mundial (no solamente el de Cuba) cuando concilió con los social imperialistas en lugar de luchar al lado del presidente Mao y de Enver Hoxha (quienes se levantaron contra las pretericiones imperialistas del nuevo bastión de la reacción capitalista).
Algunos argumentan que Guevara no podía hacerlo, pues ocupaba puestos de responsabilidad en el estado cubano, donde se encontraba en minoría, pero tal argumento no es otra cosa que justificar el oportunismo; a los enemigos del proletariado no se les adorna, ni se les encubre sus intereses rapaces, muy por el contrario siempre hay que denunciarlos y desenmascararlos y Guevara nunca sentó una posición de principios frente a los nuevos zares de Rusia, encubriéndolos. Independiente mente de lo que digan sus defensores, no solamente no los denunció, sino que además realizó acuerdos con sus representantes en Bolivia.
Guevara y los demás dirigentes cubanos nunca confiaron en la fuerza invencible del proletariado mundial y en aras de defender "su revolución" hicieron migas con los social imperialistas entregándoles el dominio de la isla.
Por esta razón, a las distintas conferencias realizadas en "Cuba Socialista" nunca se invitó a los partidos Marxistas—Leninistas, sino a los partidos mamertos y a los grupos guerrilleros de radicales pequeño burgueses del continente.
Su internacionalismo nunca fue más allá de prestar ayuda a los grupos foquistas de los distintos países del continente, con la esperanza de dividir las fuerzas del imperio yanqui y evitar su intervención directa en la isla (ante la desconfianza que de todas maneras tenían de la ayuda de los social imperialistas).
El internacionalismo proletario no es la aventura personal de cualquier individuo o grupo, pues si a eso vamos, los trotskistas o cualquier pequeño burgués podría obnubilarnos (La brigada Simón Bolívar en Nicaragua, por ejemplo). Muy por el contrario, el internacionalismo proletario es el reconocimiento de la existencia del proletariado como una sola clase mundial, con un enemigo igualmente mundial, de donde se desprende la necesidad de una lucha mundial de la clase de los proletarios contra la burguesía, por encima de los intereses de nación o de patria. De allí que más que la verborrea y los actos heroicos aislados, el proletariado necesita de una dirección acertada que le ayude a comprender su situación y la manera de enfrentar sus enemigos.
Ahora los neoguevaristas ya no solamente hacen migas con el socialimperialismo, sino que andan de chupamedias de la socialdemocracia y del capital imperialista demócrata cristiano.
Su internacionalismo se queda en un "marxismo nacional" y en asistir a la cola de la burguesía imperialista a todas las conferencias y eventos donde se hable de deuda externa y se presione por el "Nuevo Orden Económico Internacional" (NOEI), léase "Nueva Propuesta de Reparto del Botín Mundial, además de las arandelas de la democracia burguesa como la "soberanía nacional", la defensa de los recursos naturales y los demás temas que son como melodía para la burguesía mientras no se hable de lucha de clases, ni de dictadura del proletariado y mucho menos de la necesidad de una Internacional Comunista que entierre el cadáver putrefacto pero todavía andante del capitalismo.


José Núñez