miércoles, 18 de noviembre de 2009

Llamado de la VIII Asamblea de la Unión Obrera Comunista (MLM) a los Obreros ¡ENFRENTAR LA CRISIS CON LA RESISTENCIA Y LA REVOLUCIÓN!

A continuaciòn publicamos un llamado realizado por la unión obrera comunista  marxista leninista maoísta de Colombia, a los obreros de todos los países a luchar contra la crisis, con la resistencia y la revoluciòn, importante documento en un momento en el cual la clase obrera internacional  esta cargando sobre sus hombros el peso de una crisis económica producto de la caducidad del podrido estado burgués, y que coloca al orden del día la necesidad histórica de la revolución proletaria mundial.
Documento que  junto con el anterior son algunos de los documentos aprobados en la VIII asamblea de la unión obrera comunista.


Llamado de la VIII Asamblea de la Unión Obrera Comunista (MLM) a los Obreros

¡ENFRENTAR LA CRISIS CON LA RESISTENCIA Y LA REVOLUCIÓN!




Desde hace ya dos largos años, una profunda crisis económica mundial sacude la sociedad y sus aterradoras consecuencias son descargadas sobre los miles de millones de trabajadores que la sostienen con su trabajo. Según las propias cifras amañadas de las agencias imperialistas; son más de 56 millones los obreros despedidos; 1.020 millones los hambrientos de los cuales mueren 28 mil cada día; se cuentan por centenares los obreros que en el transcurso de estos años en medio del desespero se han quitado la vida, y por millones los pequeños propietarios arruinados y arrojados a las filas de los desposeídos.
Pero esas frías cifras son apenas una muestra de las terribles condiciones en que vive la sociedad trabajadora y las desgarradoras consecuencias de la explotación asalariada a la cual ha sido sometida, donde miles de millones de obreros en todo el mundo han producido tanto, que las mercancías producidas no encuentran salida en el mercado; y no porque la sociedad no las necesite, sino porque sus productores directos no pueden adquirirlas, pues son propiedad de quienes no trabajan. Situación que demuestra la caducidad de un sistema moribundo y la incompetencia histórica de la burguesía, clase parasitaria que ya no es capaz de garantizar siquiera la subsistencia de los esclavos asalariados que producen su riqueza y, por tanto, es una clase caduca que no merece seguir al mando de la sociedad y debe ser derrocada con la Revolución Socialista.
El fin de la producción capitalista es la ganancia, por lo cual la feroz competencia por ella entre los grupos monopolistas y los capitalistas individuales, no conoce límites. Someten a la sociedad a los tormentos del trabajo en una loca carrera que termina en el abismo de la crisis de sobreproducción, donde millones de toneladas de mercancías, alimentos y productos necesarios, son quemados o abarrotados en las bodegas o arrojarlos a los ríos y verterlos en los campos, mientras la sociedad muere de hambre y se generaliza la miseria que incluso toca a la puerta de las llamadas capas medias, produciendo tal angustia y desespero, que muchos, buscando una solución individual, no encuentran otra salida que la delincuencia, la prostitución o el suicidio.
Sin embargo, para bien de los proletarios y contra la voluntad de la burguesía, la respuesta mayoritaria de los trabajadores a los desastres y sufrimientos producidos por la crisis, ha sido su lucha colectiva en innumerables y heroicos levantamientos y huelgas en todos los países, en contra de las medidas anti-obreras tomadas por los gobiernos al servicio de los explotadores, a quienes sí han entregado billones de dólares en auxilios y planes de salvamento, sobre todo para amparar las instituciones parásitas financieras y las empresas más poderosas, mientras dispensan a los trabajadores: despidos masivos, rebaja del salario, aumento de la jornada, intensificación del trabajo, despojo de los pobres del campo y quiebra en masa de los pequeños productores. Ha llegado a tal extremo el parasitismo del capital financiero, el rey del capital en la fase imperialista o del capitalismo moribundo, que hasta grandes burgueses reclaman contra la concentración de ese capital financiero en estos años, producto de la especulación y del auxilio prestado por los Estados a cuenta de sacrificar a toda la sociedad.
Y no han faltado los curanderos sociales que, ante tan portentosas muestras de caducidad del capitalismo, proponen pócimas reformistas para prolongar la ya larga agonía de un sistema que sobrevive en medio de su propia podredumbre, gracias precisamente al oxígeno brindado por el oportunismo, cuyo encargo siempre ha sido aplazar lo inevitable: el triunfo de la Revolución Proletaria.
La respuesta de los desposeídos ha sido justa y necesaria, como manifestación de la rebelión de las fuerzas creadas por el trabajo social, que ya no caben en la envoltura del capitalismo imperialista. Pero tal respuesta debe ser más amplia y profunda todavía, pues se necesita no sólo frenar las consecuencias inmediatas de las crisis, sino acabar con las causas de las mismas: la explotación asalariada y la propiedad privada sobre las fábricas, la tierra y demás medios de producción.
Y esa respuesta más amplia y profunda es además urgente, pues empujados por la competencia y atropellados por la crisis de sobreproducción, los burgueses de todos los países no tienen otra alternativa que buscar nuevos mercados para dar salida a sus productos; pero no hay nuevos mercados. El imperialismo se ha encargado de convertir el mundo en una gigantesca fábrica y en un gran supermercado, donde sólo les queda la lucha violenta y la guerra para repartir de nuevo los mercados, las fuentes de materias primas y la fuerza de trabajo. De ahí que, mientras en todas las cumbres recientes, los gobernantes, sobre todo de los países imperialistas, hablan de paz, toman medidas y hacen acuerdos pasajeros, en los hechos y en todos los países, hacen preparativos para la guerra.
Sí, los imperialistas norteamericanos, europeos y asiáticos se preparan para una nueva guerra mundial por un nuevo reparto del mundo, pretendiendo arrastrar a los pueblos de todos los países a esa nueva carnicería; por eso no han cesado la carrera armamentista y la industria de la guerra ha crecido por encima de todas las demás; por ello las demostraciones de su poderío, las operaciones y ensayos militares conjuntos; por esa razón no han cesado sus ataques a los países del Medio Oriente y sus sirvientes de los países oprimidos se muestran los dientes como perros rabiosos, tal y como lo hacen en Suramérica Chávez y Uribe.
La respuesta de los obreros y los pueblos ante la amenaza de una nueva guerra mundial imperialista y de nuevas guerras regionales no puede ser otra que la oposición y la lucha revolucionaria para impedir con la revolución una nueva matanza, o para transformarla, si se presenta esa guerra reaccionaria de rapiña, en guerra civil de clases, en guerra popular revolucionaria contra las clases explotadoras y por la instauración del socialismo.
La crisis, que no ha terminado como anuncian los portavoces del imperialismo, seguirá devastando la sociedad y sometiéndola a los más terribles sufrimientos; pero a la vez proporcionará grandes posibilidades para hacerla avanzar mediante la revolución socialista, que suprima a las clases parásitas y destruya al Estado reaccionario que garantiza con la fuerza de las armas sus privilegios.
La clase obrera, la más revolucionaria de esta época, está obligada a marchar al frente de los explotados y oprimidos de todos los países y a aprovechar la crisis económica mundial para generalizar la resistencia contra la explotación capitalista, convirtiendo cada combate en un paso hacia la batalla general por el triunfo de la Revolución Proletaria Mundial y por el establecimiento de la Dictadura del Proletariado, el nuevo Estado de los obreros y campesinos que haga valer las decisiones de los trabajadores, con la fuerza de las armas en manos de las masas,.
Camaradas obreros: estos son los grandes retos que la historia les plantea hoy, y para salir victoriosos deben constituirse en Partido político independiente, haciendo todos los esfuerzos y sacrificios necesarios para construir su propio Partido Comunista Revolucionario, unidos firmemente a los obreros de los demás países en la lucha por forjar el Partido Mundial de la Revolución Proletaria, la Internacional Comunista de nuevo tipo. Tales son los instrumentos imprescindibles para poner fin a los horrores que el capitalismo imperialista agonizante le ha impuesto a la sociedad.
Por ello, convencidos de la inevitable victoria de las poderosas fuerzas de la clase obrera en alianza con sus hermanos campesinos, los comunistas hemos plantado como bandera de lucha en estos tiempos: "El capitalismo imperialista está en crisis, ¡Viva el Socialismo y el Comunismo!" Bandera que se ha convertido hoy en el grito mundial de combate del proletariado, anunciando que el viejo sistema capitalista agonizante pronto será sepultado por la Revolución Proletaria Mundial.



¡Al combate camaradas obreros, a agigantar la hoguera de la rebelión contra los desastres causados por la crisis capitalista mundial!

¡Al combate camaradas obreros, a darle sepultura al capitalismo imperialista agonizante!

¡Adelante camaradas obreros, por el triunfo de la Revolución Socialista y la Dictadura del Proletariado!



VIII Asamblea de la Unión Obrera Comunista (MLM)
Colombia, Octubre de 2009




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